El debut de la boleta única de papel supuso para la Provincia de Mendoza un salto cualitativo en lo institucional. De entrada, las PASO en los departamentos que adelantaron sus comicios permitieron ratificar algunos de los argumentos que se dieron cuando se aprobó la ley.

Efectivamente, es un sistema ágil, ya que no se formaron colas largas. También se eliminaron las mañas y trampas habituales, cuando se robaban las boletas entre partidos. Y ecológico, puesto que las fuerzas no tuvieron que gastar tanto en papel, que luego se tira en cualquier lado.

Pero también hubo problemas que quedaron reflejados en el resultado: un alto margen de votos anulados. Era una posibilidad, dada que visualmente la boleta genera mucho ruido y hay que saber ubicarse en el espectro de candidatos y colores. El Estado hizo campaña para que los votantes conocieran cómo es este nuevo sistema. Sin embargo, parece no haber sido suficiente. Las elecciones del domingo quedan como un buen testeo. Hay que profundizar las campañas de difusión porque la próxima parada es para votar al gobernador. Más departamentos, más electores. El sistema es bueno, pero los responsables tienen que incrementar sus esfuerzos para que se conozca cómo se vota ahora. Eso sí: no todo lo tiene que hacer el Estado. La responsabilidad también es del ciudadano. Sí, son tiempos de malhumor social. Pero la democracia sigue siendo la herramienta para cambiar las cosas.