Lo que no pudo, no quiso o no supo llevar adelante Matías Stevanato desde Maipú, para cortar lanzas y marcar diferencias desde el peronismo tradicional mendocino con el kirchnerismo, lo ha comenzado a cumplir la sentencia a 6 años de cárcel para Cristina Fernández de Kirchner y el proyecto de tolerancia cero al volante, que espera sanción definitiva en el Senado nacional la semana próxima.

La realidad lastimosa que afecta al peronismo y sus chances electorales para el 2023, de acuerdo con lo que muestran los sondeos de ánimo político, sumado al modelo de gestión y de conducción que le ha impreso La Cámpora al movimiento desde que lograra apartar del mando a la vieja y otrora poderosa liga de los intendentes peronistas, ha ubicado a Emir Félix, de San Rafael; a Martín Aveiro, de Tunuyán; a Roberto Righi, de Lavalle y a un puñado de dirigentes en la vereda opuesta al kirchnerismo de Anabel Fernández Sagasti, de Lucas Ilardo, de la flamante presidenta del PJ, Flor Destéfanis, y de su mentor, Carlos Ciurca, entre otros.

No hay quiebre ni, mucho menos, un rompimiento formal y oficial, pero sí han sido visibles las diferencias que hacia el año próximo podrían provocar una interna frontal y llana para cuando se tenga que decidir el candidato o candidata a la Gobernación.

Más que por el referente que irá al tope de la lista para intentar arrebatarle el gobierno a Cambia Mendoza, por el reparto de los lugares legislativos ingresables tanto en la provincia como para el Parlamento nacional. Si así fuese, por supuesto que el choque será por todo el poder que pueda alcanzar a manotear el peronismo, siempre de acuerdo con la suerte que corra en aquellas elecciones.

El resentimiento y el hastío ha ido en aumento entre los intendentes, dirigentes y militantes no K que tiene el peronismo contra el camporismo por la forma arbitraria, cerrada y de mano firme que les ha impreso al manejo de los organismos nacionales que tiene bajo su control. Esos espacios, como el PAMI, por caso, le han provisto al kirchnerismo de los recursos necesarios para financiar las campañas internas contra los viejos capitostes del peronismo.

Recursos no sólo entendidos en plata contante y sonante, sino en lugares y cargos varios con los que se le retribuye el apoyo a la militancia. Félix, Righi, Aveiro, cuando menos, confiaban en Stevanato, entronizado como su representante, para ser la llave
que les abriera la puerta al camino de la reconquista de los espacios que perdieron, hoy en manos de los ex pibes, más que cuarentones algunos, que se le ofrecen a Cristina “para la liberación”.

Lo pensado e imaginado por los intendentes se desmoronó con la decisión de no jugar tomada por el intendente de Maipú, como se conoce. Pero la realidad y el devenir de los acontecimientos le dio al peronismo no K no una, sino varias razones para tomar distancia, ahora sí, de un modo más visible.

La tolerancia cero al volante impulsada en Mendoza por el kirchnerismo, y la afectación de una medida que impacta en la industria vitivinícola y en los territorios que gobiernan, los ha separado de hecho. No pasó desapercibida la ausencia de las firmas de los intendentes Fernando Ubieta, de La Paz; Flor Destéfanis, de Santa Rosa y del escurridizo Stevanato en el documento que la Coviar motorizó y publicó para pedirle al Senado nacional la postergación del tratamiento del proyecto, prevista para el jueves 15.

La condena a prisión contra Cristina Fernández de Kirchner por corrupción ha aportado el resto. Incluso, algunos intendentes, como Rigui y Aveiro, han admitido que nadie los consultó, desde el partido, para la redacción –y en todo caso, adhesión– de ese comunicado del justicialismo que cuestionó duramente al tribunal que condenó a la vicepresidenta, a toda la Justicia federal y por el cual se declaró en estado de alerta por lo que han entendido ha sido una afrenta injusta contra la lideresa.

El estado de cierta confusión que envuelve al peronismo en la provincia ha llevado a algunos a explorar otra vez un intento de armado de una mesa nacional peronista no K que se intentó formalizar el año pasado. Sin embargo, quienes la alentaron en Mendoza no han tenido buenas noticias porque han atado su suerte a la del presidente Alberto Fernández, que este jueves afirmó que no está pensando en buscar su reelección para el 2023, algo que se entiende desde el vamos nomás a la luz del creciente malestar con su gestión, además del aumento del nivel de imagen negativa que cosecha en todo el país.

Pero con Fernández, parte del peronismo mendocino imaginaba una recuperación local y un acorralamiento del kirchnerismo. Al menos, uno de los intendentes no K de Mendoza era un partícipe asiduo de encuentros y reuniones varias que coordinaba el responsable del Turismo del Gobierno nacional, Matías Lammens; el hoy canciller Santiago Cafiero; el intendente de Hurlingham, Juan Zabaleta y la actual ministra de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz. “Eso, que venía bien, se terminó cayendo por falta de banque; el no liderazgo de Alberto y las tremendas presiones del kirchnerismo”, admitió uno de los dirigentes mendocinos que eran parte entusiasta de tales mitines.

Ahora, todo vuelve a renovarse, a reactivarse. Incluso a confirmar que las elecciones en los departamentos que controlan los peronistas no K sean desdobladas, frente al supuesto pedido o sugerencia del kirchnerismo que propone cerrar filas con Adolfo Bermejo como candidato a gobernador, inmolado por enésima vez y no desdoblar, frente al poderío de Cambia Mendoza.