Pablo Ranea, el chef nómade que lleva los vinos mendocinos y los marida con la cocina del mundo, volvió a la provincia tras recorrer 20 ciudades y realizar 50 eventos por Estados Unidos.

En esta oportunidad, el cocinero y sommelier, estuvo seis meses mostrando los sabores de la región en sus clásicos “pop up dinners”, encuentros temporales, realizados en determinados puntos del planeta, que tienen como protagonista la comida y las bebidas, y donde el chef puede demostrar su talento a un público más amplio.

La idea surgió hace casi una década junto a su pareja, el cantante y arquitecto, Alejandro Cohen, con el objetivo de difundir los valores argentinos en el mundo. 

“Tras la pandemia nos concentramos en el mercado americano. En el último viaje recorrimos, principalmente, California, luego Texas, Nueva York y Washington”, contó Pablo y destacó que con su proyecto han visitado, entre otros puntos, Hong Kong, Lima y el Caribe.

Además, realiza clases de cocina en diferentes espacios de referencia para el sector, como el Institute of Culinary Education de Nueva York.

En cada travesía se trasladan con una valija llena de utensilios. Mientras que los vinos son enviados por las bodegas a puntos convenidos y los menús los van adaptando a los ingredientes de estación que van encontrando en esos países.

“Las cenas son para 12 a 16 personas. Pero hemos tenidos eventos grandes para unos 50 comensales. Se hace con grupos reducidos para poder tener contacto personal y parte de la experiencia es poder contar historias de los vinos y la comida que están consumiendo”, detalló.

Pablo tiene 49 años, estudió en la escuela de cocina de Gato Dumas y siguió su formación con chef de todo el mundo tras varios años de carrera para la cadena de hoteles Marriott de Estados Unidos y el Caribe. 

En Mendoza estuvo hasta el 2016 al frente de la cocina del restaurante Azafrán y a partir de allí comenzó con estas experiencias innovadoras.

La cocina argentina se ve y se siente

La última aventura empezó en abril y culminó en octubre. “Este año tratamos de llevar una fotografía de lo que pasa actualmente en Mendoza con bodegas destacadas o reconocidas y otras boutiques”, contó Ranea. 

En cuanto al menú, indicó que trabajan con una estructura de pasos, que van cambiando de acuerdo a los productos de estación. “Es una cocina de viaje que se va nutriendo permanentemente con lo que uno está en contacto. Trato de tener sabores argentinos, latinoamericanos, algo asiático…”, dijo.

Y destacó que “la influencia de la cocina Argentina se ve y se siente” con platos que son imbatibles como la empanada que va a la perfección con el malbec. 

 “A la gente le encanta y la piden. Siembre tienen que estar. Todos los años presentamos diferentes tipos, a veces puede ser una clásica mendocina con entraña cortada al cuchillo o a una empanada negra de pulpo con tinta de calamar y salsa de ahí amarillo”, agregó.

Descubrir los sabores

De vuelta en Mendoza, la pareja comenzará nuevamente a indagar en sabores y a coordinar a qué partes del globo llevará su experiencia.

“Siempre para la época de vendimia intentamos estar en Mendoza porque nos encanta esta parte de visitar bodegas para elegir los vinos que nos acompañarán en los viajes y hacer eventos en distintas zonas de la provincia”, expresó.

Y concluyó: “Todo esto es un resultado del trabajo que hacemos en Mendoza y lo que nos diferencia es un viaje por la vitivinicultura argentina”.