Llegó al país procedente de Europa. Él junto a sus hermanos fueron obsequiados al Gobierno Nacional por parte de la Reina Victoria del Reino Unido, alrededor de 1890. Algunos ejemplares quedaron afincados en Buenos Aires, en tanto, a Mendoza llegó uno de color blanco y se instaló en una talabartería de Rivadavia.
“No se sabe cómo fueron a parar a un comercio en Buenos Aires, más precisamente, en el corral de una talabartería llamada La Argentina, luego ese negocio vendió todas sus pertenencias”, detallaron quienes hoy disfrutan de su presencia en el local de Rivadavia, donde llegó en 1922.
Este año, la simpática escultura celebra sus 100 años de existencia. Durante este tiempo su rol fue variando, estuvo como modelo para lucir arneses para el arado, luego guarnición para sulky y también de tanto en tanto algún apero para montar; sin embargo, lo que más se apreciaba era cuando entraba en contacto con los niños.
“No tengo la cuenta de la cantidad de pequeños que han llegado al lugar para apreciar la belleza de este caballo. Sus padres no solo los subían en su lomo, sino que aprovechaban y retrataban el hermoso momento”, contó Carlos Armando Videla, propietario del lugar.
El comerciante, además, refirió que, en la actualidad, algunos jóvenes y niños se siguen sorprendiendo al encontrarlo y verlo. “Sus ojos brillan, se acercan a acariciarlo y algunos, incluso, se animan a montarlo otra vez”, contó Videla emocionado.
