Enamorados de la vida, del deporte y del otro, Verónica Donoso y Oscar Trilla comenzaron con el running, justamente flechados por Cupido. Una historia que merece ser contada.
El 14 de febrero de 1994 le diagnosticaron cáncer de riñón a Oscar, quien en ese entonces tenía 31 años. El 16 de febrero fue sometido a cirugía: le extirparon el riñón y el bazo. “Todo ese año fue de tratamiento, 4 meses rayos y luego 6 meses de quimioterapia. Perdí todo el pelo, cejas, pestañas y barba, perdí mucho peso y terminé en diciembre de ese año con 49 kilos y con problemas de psicomotricidad debido a los efectos de las fuertes drogas que me colocaban y hacía que caminara con mucha dificultad”, detalló Oscar.
“En febrero de 1995 comencé a caminar y Vero, para cuidarme, comenzó a acompañarme. A los cuatro meses ya subíamos cuatro veces por semana trotando el cerro de La Gloria. Después vinieron infinidad de competencias de calle entre 10.000 a 42 metros. Campeonato provincial de 5.000 y 10.000 mts en pista, Campeonato Mendocino de ruta, Campeonato de Argentino de 10.000 y 21 kilómetros. Desde ese año Vero no paro más”, comentó.

Verónica no corría y no practicaba ningún deporte previo a la relación con Oscar. “Estando de novios, yo iba a trotar al Parque y ella se sentaba a leer un libro, a tejer o jugar con nuestro hijo. Por ello, su familia en Chile no creía lo que era Vero en Mendoza y sus logros deportivos. Le llevábamos fotos y diarios y no creían, pensaban que los habíamos trucado. Con el tiempo vieron que era verdad cuando la vieron haciendo podio en carreras en Chile como la Maratón de Santiago en 21 kilómetros y la del Pacífico en Viña del Mar”, relató Oscar, que hace más de 10 años que no compite pero acompaña a Vero en los entrenamientos y en las distancias largas va en la bicicleta. “Yo soy es el esposor oficial, un juego de palabras entre esposo y sponsor”, reconoció.
Por su parte, Donoso admitió: “Yo jamás hice ningún deporte. Empecé a correr en 1995 a los 29 años. Lo hice para ayudar a Oscar en su rehabilitación, cuando empezó a caminar de a poco. Después empezamos a trotar, y así empezó toda la vida deportiva. En el 2003 empecé a entrenar en la UNCuyo. Anteriormente corríamos los dos solos por distintos lugares. Sin entrenar, debuté a los 34 años en una carrera. Empecé de a poco hasta correr los 42 kilómetros (corrí 19). En 2013 gané la MIM en mi categoría y en la general de las mujeres. Recuerdo que llegamos al estadio Malvinas Argentinas”.
Verónica hizo podio en cada una de sus participaciones y, entre los más destacados, se encuentra el primer puesto en la Maratón de Santiago de Chile, en la que participación 250 mujeres.

El amor por el running puede más. La atleta aseguró que “ésta es una elección de vida. Desde que empecé hasta la fecha, sólo paré en dos oportunidades y fue por dos cirugías. En el 2008 me operaron de cáncer de mama y a la semana volví a entrenar. Incluso, antes de operarme, corrí una maratón de 42 kilómetros en La Pampa”.
Y añadió: “Empecé acompañando a Oscar, pero después me enamoré del deporte. Me enamoré de la vida sana, de disfrutar al aire libre… Es mi conexión, mi cable a tierra. Para mí no es un sacrificio, es lo más”.
Verónica Donoso se inició en la disciplina a los 29 años y actualmente tiene 54. Su mejor marca en una maratón fue de 3h12″. Actualmente, también se desempeña como artesana: “Vendo tejidos y pueden pedirme a través de Instagram: @vero_d_tejidos).

Lógicamente, el hecho de andar de competencia en competencia, no es para nada fácil. Sin embargo, Oscar contó que “para mí es un placer acompañarla. Mucha gente no apoya y muchas parejas se han separado por el ritmo de vida. Pero a mí me encanta acompañarla y apoyarla”.

Un amor signado por la Maratón Otoño por la Vida
La primera maratón que corrieron fue la Maratón Otoño por la Vida en 1994. “Participamos porque Manu (su hijo) vio la publicidad en la TV y se le ocurrió que fuésemos. A mí me estaban haciendo un tratamiento que consistía en rayos (acelerador líneal). Cuando se enteró la doctora Solchaga, me prohibió ir porque decía que caminar 5 kilómetros era mucho desgaste y debía guardar energía para el tratamiento. le dije que la haríamos con un niño, mi madre y mi esposa. Me dijo sos grande y es bajo tu responsabilidad”, relató Oscar.
Ese mismo domingo, la familia concurrió al certamen: “Cuando mi hijo vio tanta gente corriendo, comenzó a tirarnos de la mano y así hicimos todo el recorrido corriendo, caminando, trotando los cuatro de la mano, con el canasto con los sandwich, el termo, agua. Creo que fue una de las más emotivas. Después vendría la quimioterapia”.

