A mediados del mes pasado, la causa de Bobinas Blancas, que permitió desbaratar una operación global de tráfico de cocaína, tuvo sus primeros dos condenados en la Justicia federal local. En ese proceso hallaron culpables a Osvaldo Neri Maturano y Ariel Alejandro Rigoletti y recibieron la pena de ocho años de prisión.

Ambos fueron sentenciados por hacerse cargo de una empresa fantasma llamada Tele Exbe SA, mediante la cual realizaban exportaciones de cargamentos de piedra de cuarzo en los que ocultaban paquetes con la sustancia ilegal que eran enviados a Canadá, para luego distribuirse hacia otros puntos de Norteamérica y países europeos. 

De la investigación surgió que la droga pertenecía a cárteles del estado de Michoacán, México, mencionando como organización liderada por la familia Madrigal, que tiene alguno de sus integrantes procesados en la causa que se inició en Bahía Blanca –aunque terminó en un juzgado de Campana–, donde se secuestraron dos toneladas de cocaína de misma operación.

Incluso, dos de ellos, Javier Cabrera Madrigal y Jesús Madrigal Vargas, mantenían contacto directo con dos hermanos mendocinos que están detenidos y deben ir a juicio por el expediente bahiense: Marcelo Rafael y Darío Maximiliano Cuello.

Hasta los mexicanos que habían sido colocados como líderes de las maniobras que se realizaron en suelo argentino, estuvieron en la provincia y supervisaron importantes movimientos, según la pesquisa. Entre ellos Max Rodríguez Córdova, a quien llamaban el Patrón, y Arturo Rendón, un sujeto con pedido de captura internacional en la causa mendocina junto a Gustavo Martorel.

Además, cuando estalló la investigación a mediados de 2017, se secuestró poco más de 450 kilos de cocaína en un galpón de Luján, donde funcionaba la firma Minerales Aconcagua S.A., que estaba a cargo de los hermanos mendocinos, sostiene la instrucción. 

Se espera que en este segundo semestre del año se realice el segundo debate de la investigación en Bahía Blanca. En ese juicio se sentarán en el banquillo de los acusados los hermanos Cuello junto a Jesús Madrigal, Rodríguez Córdova, Amilcar Darío Martino, Emmanuel García y Gilberto Acevedo Villanueva.

De Luján a Montreal

Los detectives creen que Mendoza se transformó en un punto clave para el recorrido de los cargamentos que eran enviados a Norteamérica, debido al origen que tenían. Si bien los propietarios de la droga eran mexicanos, surge de las investigaciones que tuvo su origen en Bolivia. 

Desde ese vecino país, era transportada a través de Chile, para luego pasar la frontera con Mendoza y terminar alojada en galpones de la ruta 40, ubicados en las localidades lujaninas de Perdriel y Ugarteche. En esas locaciones se acondicionaban los cargamentos de cuarzo para ocultar la cocaína. 

Parte de la droga era enviada desde Mendoza (vía terrestre y luego vía marítima) hacia los puertos de Montreal, Canadá, mediante la firma sanrafaelina Tele Exbe S.A. Mientras que otra porción llegaba primero hasta galpones en Bahía Blanca, para hacer un envío más directo a través de puertos en Buenos Aires.

La firma que hacían funcionar Osvaldo Neri Maturano y Ariel Alejandro Rigoletti, bajo órdenes de los mexicanos, realizó 57 exportaciones entre 2015 y 2017 hacia Canadá. Todas los envíos eran facturados a una sola firma oriunda de ese país: Starlight Farest Trading LTD. 

Las transacciones entre ambas empresas fueron fáciles de comprobar, la información detallada sobre las mismas se encuentra hasta en sitios web especializados operaciones aduaneras, tales como 52wmb.com.

Previamente, Rendón y Martorel lo hacían bajo el nombre Information Technology and Telecomunication SRL (ITT), con la que hicieron nueve exportaciones en 2015.

Según la mencionada plataforma online, el último envío se hizo el 29 de mayo de 2017 y pesaba 20.188 kilogramos. La información especifíca que llevaba bloques de quarzo acondicionados en 20 pallets.

Entre el 1 de mayo y el 3 de junio de ese año, la Real Policía Montada de Canadá concretó el secuestro de 1.062 kilogramos de cocaína mediante cinco procedimientos. El cargamento habría ingresado en los contenedores MEDU84733384 y MSCU9091800. 

En el Centro de Inspección de Contenedores de los puertos de Montreal, se pudo hallar 396 kilogramos, mientras que el resto ya había sido sacado del lugar y fue incautado en diferentes puntos de esa ciudad y en una bodega de Brampton, Ontario.

Según los informes realizados por el Departamento de Salud del país norteamericano, el grado de pureza oscilaba entre el 88 y el 96 por ciento. 

Las autoridades argentinas fueron alertadas sobre esos procedimientos y la procedencia de la droga. Los trabajos en conjunto permitieron secuestrar el 18 de junio en un galpón de calle México, en el Parque Industrial de Bahía Blanca, 1.258 ladrillos de cocaína, con un peso de 1.375 kilogramos.

En Mendoza, ese mismo día se hizo un registro en un galpón de Minerales Aconcagua S.A., donde encontraron 450 paquetes con la misma sustancia blanquecina, con un peso de 486 kilos.

Además, habían pallets, piedras de cuarzo, bidones vacíos de acetona, mallas de alambrado, bolsas de yeso industrial, una prensa circular de acero, vasos de medición, balanzas de precisión y un termómetro industrial.

Estas herramientas servían para acondicionar los supuestos bloques de cuarzo que iban ocultos entre algunos reales y luego eran introducidos en las bobinas de acero que eran enviadas a Canadá, de acuerdo con los expedientes judiciales.

Para esto, se creaban moldes similares a los bloques en los que venían incrustadas las piedras de cuarzo. Ese mismo tipo de moldes fueron encontrados en los procedimientos realizados en el país que era destino de los cargamentos, así como también en Mendoza. 

Fue en una medida judicial en el galpón donde funcionaba Tele Exbe S.A., en la Lateral Oeste de la ruta 40, donde hallaron moldes con las mismas características. También habían rocas con distintos tamaños, material adhesivo, estructuras de alambre. 

Esa serie de medidas que ejecutó la Policía Federal Argentina (PFA) se tradujeron en uno de los secuestros de cocaína más grandes de la historia del país, con un total de dos toneladas. El expediente tuvo un total de 17 detenidos en nuestro país, entre los que habían cuatro mendocinos, contando a otro integrante de la familia Cuello que luego fue desligado.

La investigación en Mendoza ya dejó sus primeros dos condenados y espera por la captura de los dos prófugos, mientras que en la otra causa siete sospechosos más aguardan el debate en los próximos meses.

Las llamadas y visitas de “El Patrón”

Tanto Arturo Rendón y Gustavo Martorel como Max Rodríguez Córdoba y los Madrigal, debieron moverse territorio mendocino para supervisar las tareas que se estaban llevando adelante en la provincia.

Marcelo Cuello era quien, quizá, mantuvo una conexión más directa con los señalados narcotraficantes mexicanos. Al menos así se desprende de las escuchas realizadas a su teléfono y el de su hermano.

Ver también: Los Cuello: de “novatos” a procesados por tráfico de cocaína

Le pedían todo tipo de “favores” desde comprarles un chip para un celular hasta viajar en avión a Bahía Blanca para llevar una camioneta hasta Capital Federal.

El mayor de los Cuello conoció a los mexicanos en 2015 cuando trabajaba como parquista en el barrio privado Vistalba Country, según declaró en el expediente bahiense.

Más precisamente, fue a Daniel Cabrera Madrigal, Sostenes Madrigal y otro sujeto llamado Ricardo, con quienes tuvo su primero contacto. Al parecer, tomó confianza cuando hacía tareas de mantenimiento en diferentes viviendas y a los tres meses estos lo llamaron para pedirles referencias sobre una casa en alquiler.

Marcelo Cuello rentó a su nombre una propiedad en el barrio privado La Capilla, en Vistalba. Él mismo explicó a las autoridades judiciales que lo hizo porque los mexicanos no podían firmar el contrato por su condición de extranjeros y que cobró una comisión por ese “favor”.

Aclaró también que los continuó frecuentando debido a que se hacía cargo del jardín y la mantención, cuando estos no estaban presentes.

A partir de esa supuesta relación laboral, surgió la posibilidad de realizar un emprendimiento para hacer pisos y revestimientos en piedra. Para eso, alquilaron un galón en la ruta 40.

El mayor de los hermanos mendocinos armó una sociedad anónima a su nombre, nuevamente su explicación para justificar esa acción fue que los mexicanos no podían constituir la firma por ser extranjeros. Lo cierto es que así nació Minerales Aconcagua S.A.

Para ese entonces, ya había comenzado a impartir las directivas el Patrón Rodríguez Córdova, con quien concretaron las compras de maquinarias para hacer pisos y revestimientos de paredes. Incluso, Cuello declaró que fue este sujeto quien tuvo la idea de adquirir cuarzo para trabajarlo y exportarlo.

Pese a que Marcelo Cuello declaró desconocer el destino, existen llamadas en las que un socio de Buenos Aires le comenta a su hermano sobre “Canadá y Estados Unidos”, cuando hablaban sobre detalles de los negocios que hacían con los mexicanos.

Particularmente, hubo dos contactos destacados entre los Cuello y los sindicados narcotraficantes.

El primero de ellos, se dio a partir del 30 de abril, cuando Jesús Madrigal le pidió a Marcelo Cuello que sacara cuanto antes pasajes a Bahía Blanca, ya que debía llevar una camioneta Volkswagen Amarok de Bahía Blanca hasta Puerto Madero, tal como sostiene la causa.

Para eso, Cuello debió tomarse cuatro aviones en poco tiempo. Cinco días después, efectivos de la División Operaciones Federales de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la PFA lo vieron en una estación de servicio Shell, a bordo de una camioneta Kia junto a otro sujeto.

Mientras que entre fines de mayo y principios de junio de 2017, Rodríguez Córdova y Jesús Madrigal estuvieron en la Mendoza.

La pesquisa sostiene que vinieron para dirigir la muda del depósito de Ugarteche a otro localizado en Perdriel, a pocos metros, en los que se movió el cargamento de cocaína que semanas después fue secuestrada. 

De acuerdo con las escuchas telefónicas, Darío Cuello consiguió el flete para trasladar todo el “material” en tres viajes, al precio de 200 pesos cada uno. Su hermano le dio órdenes específicas que habían sido bajadas por los mexicanos, no avisarle nada al propietario del galpón que iban a dejar, ni sobre los movimientos que iban a realizar ni sobre la no renovación del contrato, consta en el expediente.

Con respecto a los movimientos de Rendón y Martorel existen menos detalles. Aunque en el juicio declararon testigos que los conocieron, tal como el trabajador de una planta de trituración que los vio llegar a bordo de una camioneta Porsche Cayenne. En esa oportunidad, consultaron por la dureza de las piedras que estaba comprando para realizar las maniobras de contrabando del estupefaciente.

En la firma que llevaban adelante (Tele Exbe S.A.), Maturano era el contador y cabeza financiera de la misma, con una oficina establecida en el departamento de San Rafael. El hombre tenía una estrecha relación con Rendón, se los pudo ver compartiendo un café en el centro de la ciudad sureña y hasta lo presentaba como su “amigo mexicano”.

Mientras que Rigoletti estaba a cargo del galpón donde eran acondicionados los cargamentos de cuarzo. Empleados que trabajaron en el lugar especificaron que era “el único que tenía la llave” del lugar y que sólo él hablaba con los “dueños mexicanos”.