“Welcome to Israel” (Bienvenido a Israel). Así, con simpleza, Galit Ronen describe lo que acaba de pasar. La embajadora del Estado judío tuvo una breve reunión con los inventores de la “camilla inteligente”, un proyecto que nació en Mendoza y se perfeccionó en Israel. A tal punto, que, ahora, sus creadores están pensando en mudarse y radicarse en Oriente Medio para impulsar la producción. Galit allana el camino para que los mendocinos encuentren soluciones. En cuestión de minutos, va despejando obstáculos y dando alternativas.
“Tenemos velocidad para resolver inconvenientes. Es nuestra forma de ser. Si alguien hace algo que no nos gusta, pero podemos mejorarlo, se lo decimos: ‘Esta no es la forma de hacerlo. Hay que cambiar esto, esto y esto’. Y vemos que acá, muchas veces, eso no ocurre, porque la gente tiene miedo de que el otro se ofenda y se termina callando. Nuestra cultura es así: ‘Si tenés algo para decir, lo decís y lo arreglamos’”, explicó. “Podemos tener una discusión y lo solucionamos –agregó–. Pero si el otro no me dice que me estoy equivocando, nunca voy a saberlo”, dijo.
Andrés Ostropolsky, cónsul honorario de Israel en Mendoza, reforzó la idea con un par de anécdotas. Básicamente, destaca la informalidad y la facilidad con que se puede armar un ecosistema apto para un emprendimiento. Pensarlo y hacerlo, ofrecerlo y venderlo. ¿La clave del éxito? Dar soluciones. Sin tanta burocracia.

La diplomática llegó hace unos meses a Argentina y en cuestión de semanas logró uno de sus principales objetivos: el presidente Alberto Fernández aceptó la invitación para participar en los actos por el 75º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz y de ese modo se convirtió en el primer mandatario argentino en visitar Tierra Santa luego de Carlos Menem en la década del 90.
Agenda agitada en Mendoza
Galit llegó a Mendoza para participar de los festejos vendimiales. Esa fue la excusa para, además, armar una agenda abierta que incluyó reuniones con empresarios y funcionarios provinciales.
“Lo primero que me dijeron cuando llegué fue ‘queremos firmar un acuerdo’, pero nunca aclararon sobre qué. Entonces les propuse ponernos a trabajar y después vemos el acuerdo. El acuerdo es una foto, nada más. Acá tenemos que ponernos a trabajar”, contó.
Para la embajadora, el tema es cultural: “Escucho siempre que hay que hacer una ley para cambiar la cabeza. En realidad, debería ser al revés: primero cambiá la cabeza y después hacés una ley. Cambiar la cabeza no demora nada; hacer una ley puede demorar años”.
“La cultura israelí es muy informal. Y cuando trabajamos con una cultura más formal, como la argentina, nos adaptamos y buscamos ser más eficaces”, agregó.
-¿Es posible convertir a Mendoza en un polo de desarrollo tecnológico como Israel, tal como propuso Alfredo Cornejo cuando era gobernador?
Lo imposible no existe. Las preguntas que hay que hacer es cómo llegamos hasta un objetivo y qué tenemos que hacer. Todo es posible. La capacidad está. Lo que tiene que hacer un gobierno es no impedir. O, a lo mejor, empujar a los emprendedores. Pero, sobre todo, no impedir. Un ejemplo: escuché que piensan armar una infraestructura para después empezar a trabajar. No. Primero hay que hacer, desarrollar y luego vendrá la infraestructura. Muchas veces también se cree que el Gobierno es el patrón. Y acá depende de las personas.
“A veces, en el camino hay fracasos, pero hay que seguir. Para los israelíes, el fracaso no está mal visto. El fracaso es una parte de ese camino. Aprendemos del fracaso como aprendemos del éxito. El peor enemigo es el miedo”, afirmó.
Argentina, la comunidad judía y el antisemitismo
“Para Israel, Argentina está entre los diez o quince países más importantes del mundo, por lo que me da mucho orgullo estar aquí. No descuento la importancia de la comunidad judía en el país, pero tiene varias instituciones que la representan. Mi rol es trabajar por los intereses de Israel y tener una relación con el Gobierno, con la sociedad civil y a nivel cultural”.
“Está claro que la colectividad es como la familia. Trabajamos juntos, pero mi tarea es tener buenas relaciones con todos los argentinos. Yo veo conveniente que haya diferencias”.
Para la IHRA, estar en contra del sionismo (movimiento político que promovió la creación del Estado de Israel) es una forma solapada de antisemitismo (N. de la R.).
“El Gobierno argentino, en su más alto nivel, está en contra del antisemitismo. Buscamos que adopte la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, sus siglas en inglés). Se puede estar en contra de la política de Israel y no ser antisemita, aunque la mayoría de las veces pasa lo contrario”.
“El rebrote de antisemitismo tiene que ver con lo que aquí llaman la grieta, que es el triunfo de los extremos, tanto de izquierda como de derecha, y la importancia que toman. La mayoría de la gente no está en los extremos, está en el medio, pero está en silencio. Ese es el problema”.
