Seguramente, los legisladores nacionales que representan a Mendoza sepan el valor estratégico que tiene la actitud que tomaron en conjunto para defender una obra que es clave para nuestra provincia, como es Portezuelo del Viento. O, quizá, después de disputas poco fructíferas, se dieron cuenta de que debían pararse del mismo lado, y que, independientemente del color político que esté en el Ejecutivo mendocino, el problema o la solución es de todos y para todos.
Portezuelo es, tal vez, uno de los proyectos más manoseados en la historia provincial. Fue moneda de cambio de favores y quedó siempre condicionado por las simpatías o humores en la relación entre gobernantes de turno. Y, si después de años de marchas y contramarchas se lograron dar los primeros pasos hacia la concreción de la obra, no es momento para que aparezcan obstáculos. O, en todo caso, si existen, que sean solucionados a través de políticas de Estado que defiendan los intereses de los mendocinos. Para eso están los diputados y los senadores que nos representan en el Congreso.
Defender a los mendocinos
