José López, por primera vez en dos años, no pasó la noche en el pabellón 6 del penal de Ezeiza, donde se encontraba detenido por enriquecimiento ilícito luego de ser detectado en una madrugada de junio de 2016 ingresando con bolsos con millones de dólares en un convento de General Rodríguez.
El ex secretario de Obras Públicas del gobierno de Cristina Kirchner se convirtió en el primer ex funcionario de primera línea que pidió ser imputado colaborador en la causa de los cuadernos de la corrupción. Además fue incorporado al Sistema de Protección de Testigos que funciona en el ámbito de la Secretaría de Justicia, tras haber manifestado que tenía temor por su seguridad y la de su familia por haber declarado finalmente en la causa que involucra a empresarios y ex funcionarios del kirchnerismo.
A partir de ahora, López estará en un domicilio oficial dependiente de la cartera que conduce Germán Garavano que por medidas de seguridad se mantendrá bajo estricto secreto. Pero no estará solo. Un grupo de seguridad conocido como Los Lobos resguardará su integridad física y se hará cargo de su custodia permanente, según informaron fuentes oficiales.
Su familia, sin embargo, no aceptó ingresar el programa, aunque sí podrá visitarlo bajo estrictas medidas de seguridad que apuntan a que no se filtre su lugar de paradero.
Los Lobos son parte del Servicio Penitenciario Federal y del Grupo Especial de Intervención (GEI), que se prepara específicamente para este tipo de tareas. Esa fuerza, que algunos la llaman “la policía del Ministerio de Justicia” cuenta con 50 efectivos que fueron capacitados en Canadá, el país que tiene uno de los mejores sistemas de protección a testigos.
Los Lobos custodian a los testigos con mayores riesgos, entre ellos, Oscar Centeno, el exchofer de Roberto Baratta quien registró en sus cuadernos la compleja red de coimas que empresarios le pagaron a exfuncionarios K.
En el caso de Centeno, por tratarse de un testigo que ingresó hace pocas semanas al régimen, cuenta con una custodia muy estricta. Otros testigos protegidos como Leonardo Fariña viven con un menor nivel de seguridad.
