Nos gusta ese asunto de la canchereada, de la llamaba viveza criolla, de la picardía que nos lleva a sacar ventajas. Cuando Diego Maradona le hizo el gol a los ingleses con la mano, llamamos a la jugada la mano de Dios. Fue una canchereada contra los ingleses, que tienen otras cosas por las cuales sentir vergüenza, pero el gol no era válido, lo que pasa es que con la velocidad de la jugada el árbitro no se dio cuenta y pasó a la historia una jugada que era una infracción.
Después, Diego, en su tarde más memorable, se mandó aquel gol de antología que debería ser enseñado en todas las escuelas del país, por la belleza, la perfección, la efectividad y otra decena de calificativos. Pues resulta que a Diego le ha salido un jugador que hace cosas muy parecidas a las que hizo alguna vez: Lionel Messi, quien hasta se le parece en el desenfado, la altura y la habilidad. Resulta que Messi, jugando contra Getafe, se mandó una jugada muy parecida a aquella apilada de Maradona y la comparación fue inmediata.
Arrancó de atrás de la mitad de la cancha y entró a eludir rivales y terminó la jugada con la pelota en la red. Todos los que tuvimos la suerte de verlo rememoramos aquel gol de Diego. De todos modos, si hablamos de fútbol, la jugada fue muy parecida. Y hace unos días atrás, ante un centro de un compañero de Barcelona, Lionel hace un gol ¿con qué?, pues con la mano, casi un calco de aquel de Diego que tanto dio que hablar. Y otra vez surgieron las comparaciones. Pero nos gusta la canchereada y vinieron los elogios para un hecho que está viciado de nulidad.Con eso, a Messi sólo le falta ganar un Mundial.
