Acabo de llegar de viaje de Brasil y me cansé de ver en el aeropuerto, el avión y los hoteles a todo el mundo con sus laptops y sus teléfonos, hiperconetados todo el día. Confieso que por mi trabajo y mi forma de vida (sin oficina desde hace siete años, ya que trabajo en casa desde que nacieron mis hijos) la computadora y el teléfono celular son mi oficina ambulante. El año pasado, después de dar una y mil vueltas, que sí que no, decidí comprarme una BlackBerry que me ha permitido pasar muchas menos horas sentada frente a la computadora. Pero por otro lado me ha convertido en una verdadera esclava que hoy lucha nuevamente por su libertad.
Me cuesta muchísimo no estar pendiente de los mails, de los mensajes de texto, del chat, del facebook y de todo este mundo cibernético que tanto nos conecta por un lado y tanto nos desconecta por otro. Y ahora todo ese mundo lo tengo en la palma de mi mano, sí, en cualquier lugar y a cualquier hora!
Me acuerdo que, apenas me la compré, tenía un sonido para cada mensaje: uno para el chat, otro para el mail, otro para el mensaje de texto, otro para el facebook y cuando estaba a punto de enloquecer me di cuenta que podía silenciar todos los sonidos y solamente dejarla activa como un teléfono celular normal. Qué alivio!
En estas vacaciones en las que volvimos a Bahía, Brasil, después de cuatro años, decidí no llevar mi teléfono ni mi computadora. ¿Y saben qué? La pasé genial. Volví a sentir el sabor del ocio que hace tanto tiempo no sentía. Ese tiempo de no hacer nada, de mirar el horizonte, el mar, la arena, de tener la mirada perdida y aquietar la mente, de mirar una y mil veces la cara de mis hijos y no la pantalla de mi BlackBerry!
Cada vez que paso por una obra en construcción y veo a los obreros en su hora del almuerzo, los veo a todos con el mismo gesto: teléfono en mano, mirando la plantalla, mandando mensajes quién sabe a quién. Lo mismo me pasa cuando llevo a mis hijos a la plaza, no se salvan las madres ni las chicas que “cuidan” a esos niños de reojo mientras los mensajes van y vienen y sus mentes están lejos, lejísimos de aquella plaza.
Cada vez que veo esa escena en la plaza me recuerda que no debo repetirla. Y me repito a mí misma: no miraré los mensajes en cada semáforo en rojo; no contestaré el teléfono mientras manejo ni mientras estoy reunida con otra persona, no le daré prioridad a un mensaje de texto mientras haya alguien que esté conversando conmigo. Todos los momentos son únicos, se van y no vuelven nunca más.
Pero por suerte están los hijos que a una le enseñan tanto. Hace poco, siendo las 8 de la noche, mi hijo Caetano agarró mi cara con su manito para que le prestara atención y dejara de mirar la pantalla del celular y me dijo: “Basta mámá, dejá el teléfono, ahora vamos a jugar, apágalo, ya no es más hora de celular”.
Y tiene razón. Acabo de lograrlo por más de 20 días. Puse por primera vez un mensaje de contestación automática en mi mail de cuándo regresaba de mi período de absoluto descanso (cosa que ante la independencia laboral una nunca se termina de animar). Luego de cuatro años, mis vacaciones volvieron a ser esas vacaciones en las que realmente me olvidaba del trabajo y me desconectaba de todo. Ojalá podamos hacer un uso responsable de la tecnología, por nosotras y por nuestros hijos. Para que la era de la hiperconectividad no nos encuentre más ausentes del aquí y ahora que nunca.
Acá van algunas recomendaciones para un uso responsable del teléfono celular:
· Es importante saber donde se puede usar y dónde no.
· Es conveniente analizar si es buen momento para contestar una llamada, ya que en algunos casos se maneja un automóvil y la distracción puede ser más fuerte que el tomar alcohol o ir dormido.
· Se sugiere que los tonos de llamada al teléfono celular sean discretos. Además, el teléfono debe silenciarse o apagarse en lugares como hospitales, el cine o reuniones.
· Si estás en una reunión y recibís una llamada urgente, si es imprescindible atenderla, hay que salir del lugar y nunca responder delante del resto de los asistentes.
· Es bueno dejar el celular en casa algún día de la semana y apagarlo en algunas ocasiones, para darse un respiro y no depender de éste en todo momento.
· Tener un teléfono celular en una responsabilidad; debemos cuidar y moderar el gasto del consumo del telefóno. Evitemos caer en el abuso de mensajes, chat, ring-tones o back-tones.
Por: Angie Ferrazzini
