En enero pasado, la actriz Muriel Santa Ana confesó que a los 24 años se había realizado un aborto. Ahora, la protagonista de Ciega a citas se paró frente a los diputados de la Nación y contó detalles de cómo vivió aquel duro episodio en el medio del debate en el Congreso por la interrupción del embarazo.
La actriz fue una de las oradoras durante el tercer día de audiencias y recalcó que si el proyecto es rechazado “llevarán sobre sus espaldas las muertas que produzca la industria del aborto clandestino”.
“Una semana antes del 4 de abril de 1992 fui al consultorio privado de un médico conocido por ser el jefe de obstetricia de un reconocido hospital público. Él me dio las recomendaciones y yo le di la plata”, dijo para iniciar su relato personal.
“Una semana más tarde fui con mi mamá y mi hermana a su departamento de Santa Fe y Azcuénaga, donde realizaba las intervenciones. Era interno, totalmente oscuro, nos sentamos a esperar en el living mi mamá, mi hermana y yo. Al rato salió una chica de unos 15 años con su mamá. Luego, una mujer con un ambo verde apareció y dijo mi nombre. Me despedí de mi mamá y mi hermana”, agregó.
“Me prepararon en una habitación que al mismo tiempo contenía otra puerta que comunicaba con el quirófano. El quirófano era la cocina, esas cocinas grandes de los departamentos de antaño. Lo único que había en el espacio era una camilla ginecológica. ‘Esto va a ser muy rápido, quedate tranquila’, me dijo el médico. Aparecí al rato en otro lugar con mi mamá y mi hermana tomándome las manos. El médico se acercó, me dio un beso y me dijo ‘ya pasó’”, recordó.
“Yo quedé embarazada a los 23 años y usaba un diafragma, como todas mis amigas”, comentó enseguida. “Si aún hoy es conflictivo que un hombre use el preservativo, aduciendo pérdida de placer, imaginen que hace 20 años, el abuso era mucho peor. Nosotras nos poníamos el diafragma, y ellos se tranquilizaban”, observó.
“Yo tenía un mamá, una papá, una hermana, un trabajo, mis estudios, y conseguí la plata. No tuve que recurrir a una sonda, una aguja de tejer, ni a un sucucho sórdido sin asepsia”, graficó.
Y finalizó con una dura interpelación a los legisladores:
“Acá, por lo que he visto, no se trata de debatir sobre los límites de la vida y de la muerte, porque entonces tengo una pregunta para hacerles, sobre todo a aquellos que no han tomado posición: ¿qué significa para ustedes una mujer muerta? Acá se trata de aborto clandestino o aborto legal. El aborto existe, existió y existirá, legislen ustedes lo que legislen. Y sepan que si este proyecto fuera rechazado, llevarán de por vida sobre sus espaldas las muertas que produzca la industria del aborto clandestino”.

