La alta carga de responsabilidades, el ritmo de trabajo y las obligaciones logran que muchas personas arrastren una enorme carga mental de la que no sólo no son conscientes, sino que termina pasando factura a la salud, tanto física como mental.
Con la incorporación del Síndrome del Trabajador Quemado (burnout) a la Organización Mundial de la Salud, se conocieron los números de este trastorno. El 10 por ciento de los trabajadores de todo el mundo se ven afectados y, en sus formas más graves, entre el 2 % y el 5 %.

Pero, pese a la creencia popular, una vida sin ‘tanto’ estrés es posible. “De nada nos sirven los datos sobre los innumerables estragos que causa el estrés y la ansiedad en nuestro bienestar si realmente no nos damos cuenta de la falta de sentido que tiene en nuestra vida. Si tomamos consciencia de la repercusión y del sinsentido, incluiremos en nuestra rutina unas sencillas prácticas, y éste se desvanecerá”, señalaba en una entrevista Úrsula Calvo, presidenta de la Asociación Española de Instructores de Meditación y Mindfulness.
Hacer pequeñas “paradas técnicas” a lo largo de la jornada laboral que permitan repostar energía y reenganchar con el instante presente. Se trata de meditaciones cortas y muy sencillas con las que se puede entrenar la mente para mantener el nivel de creatividad y productividad, mientras que se nota cómo el estrés, la ansiedad, y todas sus consecuencias físicas o mentales se mitigan.

Así, la profesional sugería dos técnicas:
Llevar la atención hacia la respiración. Si la persona se siente más cómoda, puede también cerrar los ojos. Hacer dos o tres respiraciones lentas y profundas. Observar cómo el abdomen se expande al inhalar y se desinfla al exhalar.
Después, observar durante un par de minutos como el aire entra y sale del cuerpo, a su ritmo natural, sin intentar modificarlo. Cuando surjan pensamientos que aparten la atención de la respiración, volver a ella una y otra vez, de forma serena.

Abrir los ojos y llevar de nuevo la atención a aquello que se tenga delante en ese momento. Pero hacerlo valorándolo como un tesoro, descubriendo con interés hasta qué punto se puede vivirlo, disfrutarlo, sea lo que sea: lavarse los dientes, pasear, enviar un mail, leer, hablar con alguien, planificar. Porque eso es lo que tiene todo el sentido en este momento.
“Hay muchas formas de vivir la vida y cada uno decide cómo vivir la suya. Hacerlo sin estrés es una gran alternativa que te invito a explorar. Además de estas pequeñas paradas, 20 minutos de meditación diaria pueden ser suficientes para ayudarte a mantener la paz ante las situaciones que creías que no podrías superar”, comentaba.
Asimismo, Calvo aseguraba que “meditar es algo muy simple, para la mayoría agradable e increíblemente eficaz”. Sin embargo, es necesario iniciarse en algún centro cercano o guía experimentado que pueda acompañar a la persona en las primeras semanas, de manera que la ayude a superar los “pozos mentales” que hacen que la mayoría tire la toalla.

“Con la práctica de la meditación nos daremos cuenta de que, con independencia de las circunstancias, podemos utilizar todo lo que surge a nuestro favor, en pro de una vida saludable y plena.”
