La erupción y la posterior lluvia de cenizas del volcán Chaitén en Chile alertó sobre los peligros geológicos a los que estamos expuestos. Desde el Estado es poca la atención que se le presta al estudio constante y silencioso que se está realizando de estos fenómenos y tampoco se trabaja en enseñar a la población a enfrentarlos.
No muchos saben que Mendoza cuenta con un número importante de volcanes activos, por pertenecer a la zona orogénica andina en constante evolución provocada por la subducción de la placa oceánica por debajo de la placa sudamericana, que es un proceso que solamente se hace perceptible para nosotros cuando se produce un terremoto o una erupción volcánica. Es decir que los volcanes son parte de nuestra geografía, y en algún momento las condiciones geológicas pueden ocasionar que estos gigantes dormidos despierten.
¿LA PROVINCIA ESTÁ PREPARADA? Al parecer, el estudio y abordaje de los peligros geológicos no forma parte de las prioridades en la agenda de los sucesivos gobiernos. Por ello, es muy difícil generar planes de contingencia sobre riesgos que no se conocen, porque su estudio nunca se propició en la medida correcta.
QUÉ ES UN VOLCÁN. Para los expertos, un volcán es la expresión superficial de un proceso magmático que se origina a profundidades mayores de 10 kilómetros, donde la temperatura es suficientemente alta (700 a 1.200 grados) como para fundir las rocas. La masa de rocas fundidas se denomina magma y su mezcla con agua y otros gases permite que se comporte como una masa fluida capaz de ascender en una zona orogénica en evolución.
A medida que el magma asciende, tiende a enfriarse y a solidificarse nuevamente, pero en los lugares donde la cantidad de agua que se incorpora al magma es importante, la masa llega hasta cerca de la superficie y origina un volcán. Las explosiones del volcán representan la liberación de la presión acumulada por el vapor de agua y la lava es la salida a superficie de las rocas fundidas.
MENDOZA Y SUS VOLCANES. No muchos conocen que la provincia cuenta con un número de volcanes tan grande que no pueden precisarse. Sólo en el Sur provincial, específicamente en la zona de la Payunia, se encuentra uno de los campos volcánicos más bastos de América del Sur, con un promedio de 10,6 volcanes cada 100 kilómetros y con 800 conos contados, sin poder descartar que existan más. A esto debemos sumarles otros más conocidos, como el Tupungatito, que hizo erupción en 1952, el Maipo, el Peteroa, que es donde se produjo la erupción más reciente, en 1991, y el Quizapu, que mostró actividad en 1932 y sus cenizas cubrieron desde el sur de Malargüe hasta Buenos Aires. Pero existen datos que despiertan curiosidad.
Por ejemplo, que el volcán Maipo, máxima atracción de la Laguna del Diamante, registra al menos cuatro erupciones, entre 1822 y 1941, e, incluso, un flujo de material en 1826 habría bloqueado un desagüe del deshielo del volcán, creando la Laguna del Diamante, aunque algunos científicos dudan de la veracidad de esta hipótesis. Lo cierto es que Mendoza se ubica dentro de la cadena de volcanes activos a lo largo de la cordillera.
QUIÉNES LOS ESTUDIAN. En la provincia existe una delegación del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) que cuenta con el novedoso Proyecto Multinacional Andino y que involucra a los ocho países cordilleranos de Sudamérica (Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Colombia y Canadá). Este proyecto tiene como objeto el estudio de los peligros geológicos que asolan estos países justamente por estar ubicados en zonas de cordillera, con fallas geológicas y serios riesgos sísmicos y de otra índole.
Unos de los fenómenos abordados particularmente en este proyecto como peligro geológico de magnitud son los volcanes. Eddy Lavandaio, doctor en Geología y miembro de la delegación provincial del Segemar, coordina, además, el Proyecto Multinacional Andino. A su entender, los riesgos geológicos no son tomados debidamente en cuenta ni por las autoridades ni por la población hasta que algún desastre los sorprende.
“Mendoza no está debidamente preparada para enfrentar un fenómeno como la erupción de un volcán, porque para prepararse hay que comenzar por conocer bien el fenómeno, saber cómo funciona y en qué nos puede afectar, y para eso hay que estudiarlo. Si bien se están haciendo algunos estudios aislados para contribuir a esa finalidad, todavía falta mucho por hacer. Esto tiene una relación directa con los temas de ordenamiento territorial y con los de Defensa Civil.
Para ambas finalida des es imprescindible estudiar las características y capacidad de acogida de los terrenos y los peligros geológicos y naturales en general que existen, porque es la única manera de implementar planes de manejo o de ordenamiento y medidas de prevención, de alerta o de mitigación de daños.No podemos trabajar sobre la contención de algo que prácticamente no conocemos”, explicó el especialista.
“Los gobiernos deberían poner más énfasis en promover el estudio de los peligros geológicos como una política de Estado. En ocasiones no toman dimensión de la real importancia que esto tiene para el ordenamiento territorial y el desarrollo poblacional”, agregó Lavandaio. “Por ejemplo, nosotros trabajamos junto al Gobierno y a la comuna de Las Heras en una zona de altísimo riesgo geológico como es la zona del Puente del Inca y pudimos intervenir en el ordenamiento del lugar para no tener que lamentar males mayores en el futuro”, enfatizó el geólogo.
Retornando al tema del vulcanismo, prosiguió: “Afortunadamente, Mendoza cuenta con un punto a favor, y es que no tenemos poblaciones establecidas a los pies de ningún volcán ni instaladas en las inmediaciones. Eso disminuye el grado de vulnerabilidad y facilita mucho el diagramar medidas de prevención, porque es muy poco probable que se lleguen a prever, por ejemplo, sistemas de evacuación, salvo circunstancias muy excepcionales”, afirmó el técnico.
LOS RIESGOS DE UNA ERUPCIÓN. La lluvia de cenizas que vive gran parte del sur de nuestro país como consecuencia de la erupción del Chaitén es sólo una de las caras que puede tener un fenómeno natural como este. “Tras el inicio de una erupción se debe tener en cuenta la peligrosidad posterior, como los movimientos sísmicos, que nunca son tan intensos como los sismos propiamente dichos pero que pueden generar desplazamientos y hasta derrumbes; las explosiones con expulsión de material sólido grueso, que son piedras en forma de bombas; la expulsión de lava y las formas y velocidad con que canaliza este fluido; la emanación de gases tóxicos como el trióxido de azufre, que es muy peligroso, y si el volcán tiene nieve en su superficie (como es el caso del Maipo), la posibilidad de aluviones, inundaciones o lahares como consecuencia del derretimiento del hielo”, explicó el doctor Lavandaio.
ALERTAS. Si bien la situación no es alarmante, es necesario conocer los peligros a los que estamos expuestos de acuerdo a las características geológicas de Mendoza. Lo cierto es que la provincia no está preparada para enfrentar una situación similar a la que vive Chile con el Chaitén y que tampoco se le da la relevancia adecuada a la realización de estudios en este orden. Hoy no se pueden idear planes de contingencia para enfrentar un fenómeno natural de esta magnitud, ya que de volcanes sabemos muy poco.
