Algunos sábados atrás, mientras compartía un café con un grupo de amigos y conocidos, a un funcionario de tercera línea del Gobierno provincial le sonó el teléfono. Cuando atendió, la voz de la mujer que lo llamaba le explicaba que su número lo había conseguido de un referente barrial que le había aconsejado llamarlo porque seguramente le resolvería el problema. La mujer, entre sollozos, le decía que acababan de matar a su hermano en medio de una riña entre bandas, que ya le habían entregado el cuerpo y que necesitaba ayuda económica para llevarlo al cementerio y enterrarlo. El funcionario en cuestión había militado y trabajado años atrás en esa barriada del oeste de Capital y por eso lo recordaban. A él recurría, en un intento desesperado, la hermana del joven muerto para encontrar algo de ayuda al drama familiar en la que estaba envuelta.
En los barrios pobres, populares como los llama eufemísticamente el Estado, las carencias son totales. Falta de todo y sobra miseria, estigmatización y el olvido. Ayer, muchos mendocinos conocieron por medio de las imágenes de Canal 9 Televida algunos de los callejones de una de las villas más importantes del Gran Mendoza, la del Campo Papa, de Godoy Cruz. El Zonda devastador que sopló durante toda la noche había vencido un añoso aguaribay que, al desplomarse, cayó sobre la precaria vivienda donde descansaba Sandra Saldívar, una mujer de 42 años. Los menores que estaban con ella tuvieron suerte y pudieron ser rescatados sanos y salvos con la ayuda de los vecinos primero y las brigadas de rescate de los bomberos y del Municipio luego.
Para muchos televidentes resultó ser la primera visión real de cómo se vive en una villa cercana al centro de Godoy Cruz y de la ciudad capital de la provincia. Abandono y mugre por todos lados. Los testimonios de las mujeres y los hombres eran elocuentes. Obvio, como ocurre siempre, esas personas son noticia cuando las envuelve la tragedia, como la de ayer en el Campo Papa, o cuando las historias dan cuenta de cualquier hecho de inseguridad o de delincuencia que las tiene como protagonistas. Que el Municipio esto y lo otro; que vienen y se van; que no nos escuchan; que los árboles son una amenaza y nos los cortan; que no somos nada y cosas por el estilo.
Nadie en su sano juicio puede afirmar categóricamente que desde el Gobierno y en un santiamén, la pobreza extrema será erradicada. Lo dijo Mauricio Macri al comienzo de su gestión, luego de haber basado su campaña electoral del 2015 en tres ejes, uno de los cuales era el de pobreza cero. Más tarde diría que en verdad se trataba –y se trata– de un objetivo a largo plazo. Salvo en circunstancias muy puntuales y excepcionales, los muertos en este tipo de fenómenos naturales, que muchas veces se transforman en catástrofes, son los más pobres y vulnerables. El último Zonda trágico se llevó la vida de Ángel Sosa, un hombre de 45 años que juntaba leña en Guaymallén, cuando se le vino encima un enorme álamo. Fue el 24 de junio.
En la campaña electoral, en cualquiera como en la que estamos inmersos, el tema de la pobreza sólo es asumido por los sectores de la oposición, como lo hizo Macri desde ese lugar en el 2015. Los oficialismos evitan el abordaje porque nunca alcanza lo que hacen para resolverla. La oposición hunde el cuchillo bien adentro con el tema porque en términos electorales cobran importantes beneficios con ese discurso cercano a los problemas. Lo cierto es que ni uno ni otro da en la tecla porque ninguna gestión abordó el tema de forma seria, integral y universal. Se trata de respuestas focalizadas, aisladas. Por eso, cuando se asciende al poder, por el mismo hecho de no haber existido previamente un acuerdo para llevar adelante una suerte de política de Estado, pues, se hace lo que se puede y, generalmente, sin el apoyo opositor. Lamentable, como muchas otras cosas que ocurren en la política.
El último registro de barrios populares indica que existen bajo esa categoría 247 en toda la provincia de Mendoza. Allí viven 200 mil personas, casi 10 por ciento de la población total. Sobre fines del año pasado se dio a conocer la cifra del denominado Registro Nacional de Barrios Populares en Proceso de Integración Urbana, el Renabap. El organismo considera barrio popular a los vecindarios vulnerables en los que viven, al menos, ocho familias agrupadas y donde no existe el título de propiedad de los terrenos que ocupan ni tienen acceso regular a dos o más de los servicios básicos como el agua, la luz y las cloacas.
