El domingo 26 de mayo, algunos investigadores policiales se sorprendieron porque uno de los condenados miembros de la banda de la jefa narco Sandra Jaquelina Vargas, la Yaqui, se encontraba en la calle. Les llamó la atención porque, entendían, debía estar en prisión tras ser sentenciado en el 2016.
Se mostró con dos primos frente al polideportivo del barrio Los Paraísos de Godoy Cruz, y hasta uno de ellos subió una foto del encuentro en el perfil Facebook. “Mueranceeeen Mangaa De Lauchaas. Mas De Uno Se Va A Querer Mataaar”, escribieron en un claro mensaje direccionado a sus conocidos y rivales en la zona y para, sostienen fuentes consultadas, pesquisas policiales.
Se trata de Jonathan Daniel Brizuela Vargas, el Jony o Pecoso, de 27 años, uno de los angelitos o soldaditos –como llamaban a los jóvenes que respondían a la mujer en el oeste de Godoy Cruz– más peligrosos de la organización criminal que operó durante años.
Lo cierto es que el Pecoso Brizuela comenzó a recibir los primeros beneficios cuando estaba en la cárcel luego de las condenas que recibió hace poco más de tres años, y esto le permitió abandonar el encierro aunque sea por poco tiempo.

De acuerdo con información a la que accedió El Sol, consiguió las salidas transitorias luego de un pedido que realizó ante el Tribunal Oral Federal Nº2, que lo sentenció a 9 años de cárcel por tenencia de estupefacientes para la comercialización y lavado de activos. Este tribunal unificó la condena con otra de tres años por asociación ilícita de la Justicia provincial.
Desde mediados del mes pasado, Brizuela tiene permitido dejar el Pabellón Nº1 de la cárcel de Boulogne Sur Mer 12 horas cada 14 días. Salió el domingo 26 de mayo y el 9 de junio. La próxima será el 23.
Brizuela, agregaron las fuentes, fue detenido en San Luis en setiembre del 2013. Como ya lleva casi seis años en situación de encierro y tiene sentencia firme, pudo acceder a los primeros beneficios antes del 2022, cuando cumpla la pena.
Que Brizuela, quien es hijo de una de las hermanas de la Yaqui, se encuentre en la calle alertó a varios detectives del oeste godoicruceño.
Como se mostró con Carlos Junior Vargas, otro de los primos que fue condenado por abuso de armas en causas relacionadas a la organización y ya está en libertad, es que iban a estar atentos por cualquier hecho que pueda suceder en el oeste de Godoy Cruz.
Es más, no descartan que pueda tener encuentros con otros conocidos, como su tío, Ariel el Pitu Vargas, reconocido malviviente que salió de la cárcel en marzo del año pasado tras ser condenado. También con las parejas de las hijas de la Yaqui, quienes están en el radar de la policía que se mueve por esos sectores.
Ver también: Confirman condena a miembros clave de la banda de la Yaqui
Rol clave
El Pecoso tenía un papel destacado en el organigrama de la organización que lideraba la Yaqui y era marcado como una especie de jefe de los menores que respondían a él para la distribución de la droga y los ataques armados.
En las escuchas telefónicas que les hicieron se destacó que la Yaqui lo enviaba a San Luis para profundizar y cuidar los negocios en esa provincia.
El sujejo se transformó en el primer detenido cuando lo hallaron en la vecina provincia manejando una camioneta Toyota Hilux. Fue acusado de asesinar a balazos pero terminó absuelto por falta de pruebas. Los investigadores contaron que, antes de la captura de la cabecilla, era el nexo para mantener la comercialización dentro del penal.
Imparables
La banda de la Yaqui operó con la venta de drogas durante años los barrios más populares del oeste de Godoy Cruz. A fines del 2012, algunos de sus miembros protagonizaron una guerra con otras gavillas de la zona para quedarse con territorios para instalar quiosquitos para la comercialización.
Los asesinatos y tiroteos eran cotidianos. El punto de ebullición fue en enero del 2014, cuando acribillaron al marido a la jefa narco, Mauricio Gelvez.
En marzo de ese año, los detectives comenzaron con las capturas. Cayeron la Yaqui y varios familiares directos. La mayoría terminó con duras condenas por violar la Ley de Estupefacientes. La jefa recibió la máxima: 15 años de cárcel.
Cada movimiento de sus integrantes, tal como comprobó la Justicia, se transformó en noticia.
Un ejemplo de ello sucedió hace pocas semanas, en marzo, cuando se organizó un gran operativo para llevar a la Yaqui hasta el Hospital Central para que la operaran por un problema biliar. Ese traslado, por pedido de los investigadores, se mantuvo en reserva para no complicar la labor de los médicos, policías y personal penitenciario que trabajó durante dos días.
