El diagnóstico lo deslizó Francisco Pérez, casi al pasar, después de la última reunión de gabinete: “Hay que atender el deterioro social de Rivadavia”.

El gobernador había reunido a sus ministros un domingo para diagramar medidas contra la inseguridad, que hoy es su principal obsesión. Pero hay otros problemas que evidentemente le preocupan también. Por ejemplo, el hecho de que la mortalidad infantil sea de 14 por mil en Rivadavia, cuando la media provincial asciende a 9 por mil.

El intendente radical Ricardo Manzur reconoció la situación y dijo que el dato lo avergüenza. Después, se enredó en una discusión con funcionarios del PJ sobre quiénes son los responsables de que esto pase. Pero sea culpable la Provincia o el departamento, el dato revela el costado más crudo de una realidad que no puede quedar en el dato estadístico aislado.

Manzur dio detalles muy tristes. El intendente señaló que los chicos más pobres de su departamento no se mueren en los hospitales, sino un poco más tarde, debido a sus precarias condiciones de vida. “Muchas veces, los bebés fallecen apretados en la cama grande”, soltó Manzur, con crudeza, en Elevediez.

El intendente brindó otras apreciaciones un poco menos dolorosas pero que tampoco pueden alegrar a nadie. Habló de carencias en infraestructura (cloacas, agua, gas) y denunció que las rutas están en muy mal estado. “Por aquí no pasa más la Vuelta de Mendoza por eso”, afirmó.

El ministro del área, Rolando Baldasso, le salió al cruce, aunque no consiguió brindar una visión muy esperanzadora. Más bien ratificó ese diagnóstico de deterioro que se viene imponiendo poco a poco.

Baldasso aceptó que Mendoza se encuentra en emergencia vial, fruto de una década de desinversión en rutas provinciales. Ese período, dijo, se extendió desde el 2000 hasta el 2010.

La referencia temporal buscó dar un aliciente: a su juicio, lo peor pasó durante 8 años de parate, donde tuvieron responsabilidades dos gestiones radicales y la mitad de la gestión del justicialista Celso Jaque. “Al deterioro social se llega después de varios años y nosotros hemos dado un vuelco, lo estamos recomponiendo”, aseguró.

Pérez tiene un compromiso especial con la obra pública, dado que ejerció el cargo de ministro en esa área antes de convertirse en gobernador. Pero la sensación es que la cuesta que tiene que remontar en este rubro es demasiado empinada.

Existe un fondo nacional de asignación específica para obras en las provincias, que es fruto de los tributos que paga la exportación de la soja. Por lo demás, según reconoció públicamente el propio ministro de Infraestructura actual, los montos globales para obra pública son “variables de ajuste”.

Dicho en criollo: no se pueden arreglar rutas cuando falta plata para pagarles a los proveedores de las meriendas en los colegios. Eso es lo que le pasa a Mendoza y a un gobierno que acaba de tomar un crédito a cortísimo plazo, por 244 millones de pesos, para pagar los gastos corrientes que debe afrontar hasta fin de año.

Fuera de los inconvenientes coyunturales, el problema es la dependencia económica de la Nación y eso no tiene solución a la vista. De las más chicas a las más grandes, la Casa Rosada le debe obras de todo tipo a Mendoza. En el caso de las emblemáticas, ya no hay forma de disculpar a la Nación por la demora en la construcción de obras energéticas como Portezuelo del Viento y Los Blancos.

A pesar de esta realidad, el Gobierno nacional no afloja la soga. La Cámara de Diputados de la Nación acaba de aprobar, con tracción del kirchnerismo y sus socios, un presupuesto y otras normas impositivas que vuelven a eludir la discusión en torno al federalismo y la necesidad de equilibrar el reparto del dinero de todos los argentinos.

En el Congreso se replicó hace apenas horas, en vano, el viejo debate en torno a los miles de millones de pesos que, a juicio de la oposición, provincias como Mendoza resignan a favor de la Nación en coparticipación federal de impuestos.

Esto demuestra que la rigidez del modelo se mantiene, aún a pesar de las concesiones tributarias que se produjeron después de las PASO, y el saldo negativo para las provincias empieza amenaza con deslucir las medidas de inclusión social que la Nación impulsó en sus diez años de hegemonía política.

El lado feo de la “década ganada” se revela tristemente en los bebés que mueren víctimas del hacinamiento en Rivadavia. Se reconoce también en las rutas destrozadas y la falta de plata para arreglarlas. Se advierte en los “diques invisibles” que pactaron alguna vez Julio Cobos y Pérez con el kirchnerismo.

Algo hay que cambiar. Quién y cómo es el problema. Cobos, el líder de todos los sondeos, estuvo con el kirchnerismo y se arrepintió. Los candidatos del PJ, por su parte, acompañan al modelo aún hoy, tratando, eso sí, de que no se note demasiado, y vendiendo que van a defender a Mendoza.

Mucho más atrás en las encuestas aparece el PD, que pierde el tiempo en peleas disparatadas, reflejadas en ese video donde dos jóvenes del partido advierten que la izquierda de Del Caño transformará a Mendoza en Cuba (?).

Mientras tanto, en la Mendoza de verdad, la campaña para los comicios generales ha arrancado con sordina y mostrando algunas señales negativas.

Salvo en el aspecto de la seguridad, la Legislatura ha sucumbido a la inactividad y existe la sensación de que muchos tienen ganas de que no pase nada de nada hasta después de las elecciones.

Las demoras en el proyecto para que funcionarios y candidatos presenten sus declaraciones patrimoniales es una prueba. Se trata de una vieja deuda local con las medidas necesarias para que haya transparencia en los actos públicos. Una acción que no puede quedar demorada gracias al folclore y las picardías de toda la vida.

No aportará nada al nublado panorama general esconder la basura debajo de la alfombra por un tiempo, para que siga todo igual.