La inesperada, pero no por eso desconocida crisis de los servicios públicos, vino a empañar los efluvios de fin de año y dejó, como una estela imposible de ignorar, la obligación de arrancar el 2013 con una agenda incómoda para el Gobierno cuando todo se le presentaba, en clave política, medianamente ordenado para un año en el que habrá que revalidar confianza y garantía social con el fin de sostener un proyecto virtuoso ante la aparente carencia de alternativas opositoras.
Como siempre suele ocurrir, el peor temor al que se enfrenta una administración que no tiene un adversario de fuste enfrente que la inquiete es la propia sociedad indignada ante las cosas mínimas que no funcionan. Y eso es lo que está pasando con las grandes porciones de mendocinos que se vieron burlados por servicios, que pagan, pero que no les son prestados como corresponde. Los cerca de cien mil mendocinos que se quedaron sin energía eléctrica y, por ende, sin luz en la noche más esperada por todos, la del 25 de diciembre, sean religiosos o no, y otro número, más o menos como aquel, sin agua, no sólo maldijeron su suerte, sino que descargan una catarata de furia contra las distribuidoras del servicio y contra un gobierno ausente, carente de capacidad o eficacia para controlar a quienes –con excepción de las cooperativas eléctricas– son los poderosos e influyentes hombres de negocios que siempre han sacado partido en favor propio de parte de gobiernos que, salvo honrosas excepciones, siempre se les han hincado. Pérez no ha demostrado en los hechos lo que pregonó desde el comienzo de su gestión, un año atrás. Y los ejemplos abundan en ese sentido. Pero, cuando el efecto de una débil política de control del poder económico puesto a administrar servicios que debe prestar el Estado como corresponde deviene en faltas de respeto y consideración, como las que tuvieron las empresas con los usuarios afectados en Navidad, y sin control previo de parte del poder concedente, la alquimia puede terminar en falta de confianza y credibilidad en quien está puesto para mandar y hacer que las cosas funcionen como corresponde, así de simple, de sencillo como de complejo.
Los tiempos que se avecinan serán clave para identificar el grado de vinculación ante el Gobierno y la gente en general. Muchas aristas serán tenidas en cuenta al momento del balance de lo que se viene haciendo y un comportamiento dubitativo ante el avance de los sectores que sólo sacan partido del Estado, porque entienden que es, literalmente, el hijo de la pavota: desmorona cualquier castillo.
No es poca cosa revisar el costado del Estado presente cuando se viene de una situación tan ardorosa. Quizás, Pérez, que ha comenzado sus vacaciones luego de la Navidad y que retornará en los primeros días de enero, al tomar distancia, advierta que un cambio de gabinete con un giro de timón sea necesario, aunque un año al frente de la provincia parezca poco tiempo. A lo mejor lo esté evaluando para conseguir un punto de referencia por donde ver lo que ocurre distinto del estatus quo que ha heredado.
Una vez corregido el rumbo, si así lo entiende, el gobernador se enfrentará, luego de la Vendimia, fecha a partir de la cual arranca en concreto el año político y el momento de las decisiones de real peso, con el dilema de las elecciones. Su intención es desdoblar y aprovechar el mejor ánimo social del que, en apariencia, existe en la provincia respecto de la Nación. Su idea es esperar y ver “qué es lo que más me conviene”, según dijo algún tiempo atrás, convencido de que podrá llamar a elecciones desdobladas de la Nación y por decreto, sin una mínima discusión en la Legislatura como se le exige desde el radicalismo, en interpretaciones diferentes de la letra constitucional. Pero, lo que tanto se dijo respecto del pensamiento de la Casa Rosada sobre un hipotético desdoblamiento y que aquí siempre se minimizó, se está dando: el gobierno de Cristina Fernández no avalaría aventuras electorales de este tipo por parte de sus gobernadores. Quien dejó entrever tal cosa fue la gobernadora de Catamarca, Lucía Corpacci, en una reunión entre sus colaboradores a los que les confió que Cristina les ha pedido a los mandatarios que eviten desdoblar, pedido que se entiende como lógico, para apuntalar el proyecto nacional y a sus candidatos a diputados nacionales desde el interior, en una misma elección. La fuerza de la presidenta hoy no le alcanzaría al kirchnerismo para ganar holgadamente y consolidar la fuerza parlamentaria que necesita aumentar para mantener viva la llama de una cada vez más lejana reforma constitucional que habilite a la jefa de Estado para un nuevo mandato para cuando termine el actual, en el 2015, paso que hoy tiene vedado.
Corpacci reveló la intención presidencial en una reunión que mantuvo dos días atrás con los intendentes del FPV de su provincia. El punto no es menor, porque Catamarca es la provincia que desde hace veinte años viene cumpliendo con la tradición de inaugurar el cronograma electoral nacional porque realiza sus comicios en marzo. A horas de que se le venciese el plazo para convocar a esos comicios, Corpacci fue convocada por Cristina Fernández para pedirle que realice las elecciones provinciales en octubre, junto con las de los candidatos a legisladores nacionales a los que el oficialismo nacional les prestará el más alto nivel de atención por el todavía vivo proyecto reformista. Corpacci aceptó. Pero en Catamarca se habla de que no tuvo opciones ante la dependencia absoluta que tiene la provincia para mantener el nivel de inversiones en obras públicas; pero sobre todo, porque se le habría afirmado, en aquella reunión, que no habría plata para una elección desdoblada. Si eso ha ocurrido con Catamarca, con un sistema de elecciones desdobladas con una vigencia de dos décadas, bien se puede inferir que el resto de los gobernadores alineados con la Casa Rosada no tendrán demasiadas opciones más que, esta vez, cuadrarse con la estrategia electoral nacional que hoy estaría basada en la tracción de los gobernadores e intendentes peronistas, más que en la figura de la presidenta.
Sólo por las especulaciones electorales, el 2013, a punto de comenzar, pondrá a prueba a los gobernadores afines con Cristina y a Pérez, desde ya, frente a un radicalismo que se movilizará en el primer trimestre del año con las internas convocadas por Alfredo Cornejo en su afán de zanjar, de una vez por todas, las diferencias que mantiene con el ex gobernador Roberto Iglesias y el cacique de Capital, Víctor Fayad. Esa contienda, independientemente de que la UCR alcance un posible acuerdo para evitar los comicios, tonificará al principal partido opositor y a la figura de Julio Cobos, que hoy vuelve a emerger con fuerza como la esperanza radical para derrotar a los candidatos del kirchnerismo en Mendoza. Toda decisión de Pérez será sensible y de alto impacto y no exenta de un riesgo mayúsculo, que sólo podrá cuantificar con el diario del lunes, luego de las elecciones, y no antes.
