La insolencia de un gobierno que no gobierna, porque no sabe, no entiende y no quiere comprender. La insolencia de un gobierno que pone en peligro todas y cada una de las defensas que un país debe poseer. La insolencia de un gobierno que por desesperación política quiere fagocitarse la Constitución nacional junto con toda la República, sin importarle la voluntad y las necesidades inocultables de toda la ciudadanía que reclama con silenciosas manifestaciones a lo largo y a lo ancho de todo el país. Insolencia de un micrófono que quiere acallar las voces que le son contrarias y que no para de funcionar en los teatrales escenarios públicos. Hoy la solución de todo este resquebrajamiento social, económico y financiero está en la expresión ciudadana de las marchas que expresan además de sus necesidades urgentes, la recuperación de la República en toda su integridad moral.