El intendente Mario Abed, de Junín, vino a poner una piedrita en el andar de los planes de vivienda del Gobierno. Bueno, más que una piedra, varios ladrillos y todos ellos conformados en casa. Porque construyó para un vecino de ese departamento una casa cuyo costo apenas supera los 20.000 pesos, mientras en la Legislatura se aprobaba el plan del gobierno del Ejecutivo con casas que cuestan 90.000 pesos. Vaya con la diferencia, casi cuatro veces más. Esto no puede ser, dijeron algunos funcionarios del poder Ejecutivo, con ese dinero no se puede hacer ni un gallinero ni una cocina ni un bañito con kichinet, no se puede hacer nada.

    Pero resulta que la casa está hecha y de pie, lista para ser mostrada, y las cuentas son las que dice Mario Abed. A ver, hagamos un cálculo, si el Gobierno pensaba hacer 7.000 viviendas a un costo de 90 mil pesos, con la idea del Mario bien podría hacer 28.000 viviendas. Tal vez los números no sean tan simples como yo los estoy mostrando, pero la diferencia es enorme. Usted me dirá: “Sí, pero, qué casa pueden hacer con eso, una casa que se desmorone al menor temblor, que no tenga las condiciones mínimas para una vida plena”. Pues bien, nuestro vicegobernador, el Cristian Racconto, fue a ver la vivienda construida y le pareció bien, le pareció digna, que es lo mejor que puede ocurrir con una vivienda familiar.

    Pequeña, eso sí, pero con todas las posibilidades de que sirva para una vida normal, sin lujos, obviamente, pero con las necesidades cubiertas. Yo no sé, entonces, si no habría que revisar lo que se va a hacer con el plan habitacional, porque hay mucha gente que está viviendo bajo techos de cartón y de nailon, hay mucha gente que usa por techo las estrellas. A lo mejor, con la posibilidad que se abre, en pocos años, muchos mendocinos que soportan la intemperie tengan cuatro paredes, como decimos en los pueblos, para albergar sus realidades y sus sueños. Ahí está la casa, cualquiera puede verla; los beneficiados con la iniciativa chochos y muchos que ven que es posible, llenos de esperanza. Pongamos un poco más de ladrillo, de cemento y de buena voluntad y hagamos la felicidad de muchos. Por favor.