Durante años se ha criticado la idea de un gobierno nacional fuerte y rico en detrimento de las provincias pobres. Cuando eso sucede, el manejo de la presión política se emparienta con una extorsión. Por eso resulta curioso que, lejos de honrar el concepto de federalismo contemplado en la Constitución nacional, exista un régimen de premios y castigos según la posición y el color político de los gobernantes.
Lo ocurrido en la relación entre la Nación y Mendoza en las últimas horas es un ejemplo de estas relaciones que buscan la sumisión, de haber sido la primera vez que el gobernador Francisco Pérez se opone a una medida surgida de la Casa Rosada. Hasta ahora, había sido un promotor y militante de todas las decisiones tomadas por Cristina Fernández. En otras palabras, uno de los gobernadores más leales a la presidenta… hasta que se pusieron en riesgo claramente los intereses de la Provincia.
