Se escuchan discursos, índices alentadores, historias de heroísmo patriótico reciente, enemigos imaginarios, como si fueran molinos de viento, y una descripción de la realidad que muestra a una Argentina idealizada.
Sin embargo, el contacto con la realidad muestra una situación completamente diferente. Hay hechos que no se pueden maquillar por más sofisticado que sea un discurso, porque la inseguridad no es una sensación, porque a diario muere gente por la violencia social instalada, porque la inflación no se puede disimular; porque basta con observar las góndolas y entender que los sueldos rinden cada vez menos. Y porque, más allá de los juegos de política global, lo que interesa es vivir bien y tranquilos.
