En las tres jornadas que lleva el debate oral y público contra el comerciante Ricardo Alberto Muñoz (50) por la muerte de su esposa a golpes, en setiembre del 2013 después de agonizar más de dos meses, los testigos describieron al imputado como un hombre extremadamente violento y alcohólico, complicándolo de cara a la sentencia. Este lunes fue el turno de la madre de la víctima y de un hijo que hoy tiene 16 años; además de dos médicos y hermanos del imputado por homicidio preterintencional, lesiones y amenazas.
El menor habló por primera vez desde ocurrido el hecho y confirmó que lo que afirmó su hermana Cintia (25) la semana pasada en el juicio: que, durante años, tanto ellos como su progenitora vivieron un infierno de maltrato verbal y físico en el hogar que compartían en calle Salta de Ciudad, donde también tenían su negocio de venta de bombas de agua.
Pero, la primera en ingresar a la sala de la Primera Cámara del Crimen fue Armanda Ormenio, madre de la víctima fatal. La mujer contó algunos detalles de la relación de pareja que mantenían Muñoz y su hija e hizo hincapié en que el maltrato intrafamiliar siempre estaba presente en el hogar. “A los tres días de casarse la golpeó”, señaló, de acuerdo con lo que relataron fuentes judiciales a El Sol.
Ormenio agregó que conocía que su hija sufría violencia de género y aportó que su yerno no dejaba que se acercara ni a Mirta ni a sus nietos. “Tenía prohibido ingresar a la casa, los tenía amenazado para que no los viera”, agregó.

Por su parte, el hijo del matrimonio, quien nunca había declarado en la causa, se sentó ante las partes junto con un asesor de menores y ratificó los dichos de sus hermanos. Uno de los puntos importantes de su declaración fue cuando dijo que la noche en la que Naranjo sufrió la paliza que terminó por quitarle la vida escuchó que sus padres discutían en su habitación. Además, confirmó que maltrató físicamente a su mamá en el 2012, causa por lesiones que también es parte del proceso oral.
Las partes le preguntaron al chico por la madrugada del 12 de julio, cuando su madre fue llevada al Hospital Central en grave estado y la responsablidad de su padre en el hecho.
El testigo señaló que su progenitor estaba preocupado, pero no por la salud de su pareja, sino por la presencia de policías en el hospital. “Sabía que podía ir detenido, por eso preguntaba”, estimaron fuentes judiciales que participan en el proceso.
Después fue el turno de los testigos de la defensa, los hermanos del acusado. Ambos sostuvieron ante el tribunal presidido por Víctor Hugo Comeglio –lo completan Lilia Vila y Lucía Motta– que nunca vieron a su cuñada lesionada, que desconocían si había maltrato en el hogar y aseguraron que el acusado es un hombre tranquilo.
Por último, habló un forense que constató las lesiones que presentó Naranjo en la causa por lesiones del 2012. Confirmó que las heridas que presentaba la mujer de 45 años eran producto de una agresión física tal cual ella las había denunciado.
El otro médico que compareció fue un neurocirujano que respondió sobre el hematoma subdural que tenía la víctima al ingresar al Central por un severo traumatismo de cráneo. Señaló que si Naranjo no era llevada tras la golpiza, moría a las pocas horas y concluyó que se desarrolló tras un traumatismo grave.
