Más allá de las frases hechas, de las figuras retóricas y de los discursos de campaña, los argentinos demostraron que el voto es una herramienta sólida y democrática, y que el poder ciudadano radica en la capacidad de utilizar el llamado a las urnas para premiar o castigar una gestión de gobierno.
El resultado de estas elecciones muestran eso. Tal vez, la paridad entre Daniel Scioli y Mauricio Macri no radique en las cualidades y los defectos de cada uno como candidato.
Se votó lo que representa cada uno; más que nada, el gobernador de Buenos Aires. Su cercanía a la presidenta Cristina Fernández parece jugarle en contra. Porque, a veces, la forma es tan importante como el fondo. Al menos, así se percibe en el resultado.
No hubo un claro un ganador, pero sí un telegrama directo al corazón del kirchnerismo. Fue una advertencia a ese desfasar constante que existe entre el discurso, que apunta a la igualdad de oportunidades y a la justicia social, en contraposición a una serie de hechos y sospechas de corrupción que afectan directamente a la imagen del oficialismo. Algo así como correr por izquierda y gobernar por derecha.
Se trata de un estilo de conducción que saturó a gran parte del electorado. Ser dueño, amo y señor de la ley y de la justicia, jugar con estos conceptos y convocarlos según la propia necesidad, genera, indefectiblemente, rechazo.
La muestra clara es el resultado de las elecciones a gobernador en Buenos Aires, donde María Eugenia Vidal se impuso a uno de los grandes referentes del kirchnerismo y abanderado de la Casa Rosada estos últimos doce años, como lo es Aníbal Fernández.
Las urnas también reflejaron el hartazgo de gestiones sin destino; de la poca capacidad para asumir grandes responsabilidades y, en este punto, la víctima fue el mandatario de Mendoza, Francisco Pérez.
El gobernador era la última opción de una larga boleta que lo tenía de candidato a parlamentario del Mercosur. Y en esa categoría, precisamente, se dio un nivel poco frecuente de corte. El mensaje fue claro: Mendoza le dio la espalda a Paco, más que a Scioli, más que a Anabel Fernández Sagasti y más que a Rubén Miranda; estos últimos dos, cabezas de lista para senadores y diputados nacionales, respectivamente.
Haber dejado a la provincia en estas condiciones, acumular deudas por todos lados, la incorporación a planta permanente de decenas de acomodados y tener que hacer malabares para pagar sueldos, no fue gratis. Por eso, el resultado electoral, no fue magia.
