Praga es tan bella como dicen y tan turística como uno supone. Conocida como “la ciudad de las cien torres”, “la ciudad dorada” o “la ciudad mágica”, sabe regalar lo que muchos viajeros van a buscar: una exquisita postal romántica sobre el Moldava; un laberíntico casco antiguo con una plaza vieja y un reloj (el del Ayuntamiento) que a cada hora ofrece un espectáculo mecánico al ritmo de las campanadas; mercadillos con souvenires de todos los colores y tamaños (y precios), los trdelnik (roscas dulces) y las suculentas salchichas de diverso grosor para ir comiendo en el camino, bares donde la cerveza ( pivo ) circula con facilidad, es deliciosa y más barata que el agua o el jugo de naranja.

Praga tiene una historia enrevesada, fascinante, contradictoria. Larga también. Historias como la del Callejón del Oro, en Hradcany, junto al Castillo, donde en un principio se alojaron los guardias del rey Rodolfo II pero, más tarde, las diminutas casitas fueron ocupadas por orfebres y alquimistas que, cuenta la leyenda, trabajaban día y noche para intentar transformar el hierro en oro, y también para obtener la fórmula del elixir de la vida eterna.

Rincones

Praga tiene esos rincones en los que cada viajero cree haber encontrado su pequeño tesoro. La librería Kafka (Staromestske nám. 12), en un costadito de la Plaza de la Ciudad Vieja, es para perderse entre libros y romántica papelería.

En ese dejarse llevar por el casco histórico, uno circula entre carruajes tirados por caballos, puestos de comidas al paso y vidrieras cargadas con marionetas, alhajas con piedras de granate engarzadas y delicadezas de cristal de Bohemia. Uno de los souvenires más populares son las mínimas limas para uñas de cristal; también hay una excesiva proliferación de matrioskas , que poco tienen que ver con lo típico del país checo y mucho con Rusia.

Preste atención a la iglesia de San Nicolás, al Ayuntamiento de la Ciudad Vieja y a la iglesia de Nuestra Señora de Tyn. De estilo gótico tardío y fácilmente reconocible por sus dos torres afiladas, la iglesia de Nuestra Señora de Tyn es del siglo XIV, se construyó sobre una antigua iglesia románica. Resulta curioso que su parte inferior haya quedado escondida entre casas y callejuelas.

Estilos arquitectónicos
A un lado y a otro del río Moldava, Praga ofrece recorrer una línea del tiempo, permite un viaje por los estilos arquitectónicos que fueron marcando diferentes épocas. Hay edificios románicos (como las iglesias en rotonda de los siglos XI y XII); góticos (la Catedral San Vito o la iglesia de Tyn); renacentistas, a partir de la llegada de los Habsburgo, que se ve en palacios como el Belvedere, de 1563; palacios e iglesias del barroco, de los siglos XVII y XVIII, como San Nicolás en Malá Strana, y una interesante proliferación de construcciones art nouveau y cubistas.