Perder peso no es una labor sencilla, pero, debés intentarlo.

Controlá las porciones: es más fácil perder peso si te guías por cantidades a la hora de comer (entre un 50 y un 70%) de la cantidad habitual de los platos que más te llenan, como la pasta, arroz o legumbres. ¿Cómo conseguirlo? Un truco sencillo es servir la comida en platos más chicos, la vista te engaña, porque los llenas hasta arriba pero has comido la mitad sin darte cuenta ni pasar hambre.

Llenate de ensaladas: el consejo anterior es válido excepto para las ensaladas, cuando se trata de ellas hay que duplicar las raciones y servirlas en platos muy grandes para tener una buena base de hojas. Además, hay que completar la ensalada con alimentos nutritivos y bajos en calorías como las frutas frescas, y proteínas que pueden venir del atún, salmón, pollo a la plancha o huevo duro. Y para aliñar una cucharada de aceite de oliva virgen extra con limón y especias para darle sabor.

Pesate con precisión: con saber los kilos que ganás o adelgazás no te basta, necesitas conocer el porcentaje de grasa y de músculo que hay en tu cuerpo para saber exactamente lo que estás adelgazando de grasa y el músculo que has ganado con el ejercicio y la dieta. Al correr podés ver que perdés grasa como con cualquier ejercicio aeróbico, pero también corrés el riesgo de perder músculo si tu dieta es muy baja en calorías o si estás corriendo muy despacio. Es importante que pierdas sólo grasa y no músculo, si es así debés realizar ejercicios de musculación.