Magallanes y su clan, entre ellos su pareja y su sobrina, Antonella Celedón.

En los Tribunales Federales se está desarrollando el juicio contra una de las señaladas bandas narco con mayor poder de distribución de cocaína en el oeste de Capital, conocida como el clan Magallanes.

Con base en dos barrios populares, el San Martín y el Santa Rita II, su líder, el celador Iván Jesús Magallanes (45), arriesga más de diez años de cárcel. En el banquillo lo acompañan nueve procesados más, entre ellos, su pareja, la madre, hermanas, sobrina, cuñado y suegros.

Para este miércoles está previsto que el tribunal le dé la palabra a la fiscal de Cámara María Gloria André para iniciar los alegatos. Luego serán las defensas las que argumenten el caso.

Ver también: Acusados de integrar la banda apuntan contra “el jefe”

Tal como informó El Sol, la mayoría de los acusados están, de alguna forma, complicados de cara a la sentencia, que podría ventilarse en la misma jornada. Un par podría llegar a zafar con respecto a la venta de drogas.

La fiscalía cuenta con una serie de pruebas contundentes para sostener pedidos de años de cárcel para la organización, principalmente, el secuestro de más de seis kilos de cocaína de máxima pureza, armas, elementos de corte y fraccionamiento, más de 2,5 millones de pesos (entre moneda argentina y dólares) y lo que registraron los policías federales a través de escuchas telefónicas en el 2017, cuando cayeron los acusados.

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Más allá de esto, llamó la atención el poder económico de Magallanes, conocido como el Rey de la Cocaína. De profesión albañil y también celador, tal como expresó al ser indagado sobre sus datos personales, los pesquisas consultados sostuvieron que no podía justificar sus bienes con los ingresos formales que tenía.

Se basaron en la coqueta vivienda donde residía con su pareja, Aldana Fernández (también procesada) y una pequeña hija. De allí el nombre de la operación antidrogas de los efectivos federales, bautizada como Operación Narcolujo.

Cuando los policías allanaron la propiedad de dos plantas el 20 de octubre del 2017 –la casa 30 de la manzana D, departamento B– se encontraron con el llamativo estilo de vida que llevaban sus habitantes: patio con pileta iluminada, churrasquera y quincho, televisores de más de 50 pulgadas en cada una de las habitaciones, equipos de música y cocinas de lujo.

No sólo eso, al requisar la propiedad de Magallanes secuestraron cinco vehículos: dos camionetas –una Ford Ranger y una Fiat Toro nueva–, un Duna, una Partner y un Fiat Siena. Este último fue incautado días después de los allanamientos masivos, antes de que saliera de la concesionaria. 

Es que, Magallanes lo había comprado para su ex mujer, con quien tiene una hija discapacitada y vive en el barrio San Martín. Los investigadores supieron que Magallanes lo había pagado al contado.

Mientras los detectives investigaban su vida personal, detectaron que era celador de la escuela Arriero del Ande, de Las Heras (ingresó el 21 de setiembre del 2012), y que ganaba 9 mil pesos por mes. “Los números no cerraban. Mantenía a varias familias con un ingreso mínimo de dinero. No podía justificar sus bienes”, contaron los sabuesos.

Escuchas

Además de Magallanes y acusados de tener distintos roles son juzgados Aldana Fernández (pareja); Melisa y Sollange (hermanas); Héctor Fernández y Rosa Molina (suegros); Miguel Montenegro (cuñado, pareja de Melisa); Mirta Estrella (madre); Antonella Melli Celedón (sobrina) y Jonathan Muñoz (pareja de Antonella).

La Policía Federal realizó escuchas telefónicas que revelaron que permitieron establecer que Magallanes acopiaba cocaína, material de corte y fraccionamiento y dinero en efectivo en distintos domicilios de familiares o personas allegadas a él.

La madre del señalado líder y financista de la banda tenía un rol importante en la banda, se destaca en la instrucción. Y las comunicaciones fueron clave como prueba.

De las comunicaciones surge que el Rey de la Cocaína solía pedirle “cajas” y “prendas de vestir” a su madre, palabras que utilizaba para ocultar el verdadero motivo de los llamados, es decir, droga.

Un ejemplo de ello es una comunicación registrada el 9 de agosto del 2017, en la que Magallanes le preguntó a su madre si podía “arrimarse hasta la casa de la melliza” (sería Antonella Celedón) y recibió una respuesta afirmativa. El sospechoso, en la charla, agregó: “Traeme una sola caja, una sola”.

En otra escucha, captada el 12 de agosto del mismo año, Magallanes volvió a hablar con su madre, lo que resultó:

– Magallanes: ¿Mami?

– Madre: Sí, hijo.

– Magallanes: Escuchame, ¿viste la valija de ayer?

– Madre: Sí, Iván.

– Magallanes: ¿Puede ser lo mismo enseguida?

– Madre: Bueno, hijo.

– Magallanes: Dale, calculale que yo voy como a las siete y veinte por ahí.

– Madre: Bueno, dale.

Por estas y otras pruebas, es que los procesados podrían recibir duras penas después de que se realicen los alegatos de las partes, previstos para mañana en la mañana.