Al transitar por las calles de Valparaíso se respira un aire cargado con miles de historias. Las quimeras sometidas por el tiempo se escapan de las antiguas casas que fueron habitadas por ingleses, y que hoy son refugio de artistas.
Hacia mediados del 1.800 y tras un terremoto, Valparaíso toma la fisonomía y la heterogeneidad que aún mantiene. Suntuosas casas con antejardines, miradores, pasajes y un trazado urbano fuera de lo común, fueron ideados por inmigrantes que encontraron en sus principales cerros, Alegre y Concepción, un hogar con vista al mar, aire puro y la oportunidad de abrirse camino en la ciudad portuaria.
Valparaíso es elegida por muchos turistas mendocinos que desean escapar de la vorágine de la ciudad, que se ven atraídos por sus bajos precios en hospedaje y por quienes encuentran placer en otra forma de vacacionar fuera del sol rasante, la histeria adolescente y la arena en los pantalones. Pero, principalmente es seleccionada por la atracción que genera su gente, su arquitectura y las historias que encierra.
Una visita al Muelle Prat renueva el espíritu con su aire marino. Los puestos de artesanías ofrecen variada mercancía frente a grandes y pequeñas embarcaciones que se encuentran ancladas para el deleite del turista. Un paseo en barco por $2.000 pesos chilenos (poco más de $30) genera la maravillosa oportunidad de sentir el mar, respirarlo y ver enormes buques de cerca. La adrenalina causada por el tambaleo del viejo bote es directamente proporcional a la paz que se recupera cuando se advierte que se es mecido por las olas.
Pasando la Plaza Sotomayor, se encuentra El Peral, un ascensor que conduce hacia lo alto del Cerro Concepción. Por $100 (cerca de $1,5) y menos de un minuto de viaje, el funicular permite acceder a uno de los miradores. Sus laberínticas calles suben y bajan caprichosamente y ellas solas, por obra de algún giro azaroso, transportan a los peatones hacia el Cerro Alegre. Los límites entre una y otra elevación son siempre imprecisos.
Inmersos en el Cerro Alegre, las utopías de los artistas tiñen las paredes. Desde hace años, poetas, pintores, artesanos y amantes de la cultura se apoderaron del cerro y lo impregnaron con su arte. A la vuelta de la esquina, en alguna vieja vivienda, las misteriosas puertas se abren para descubrir las producciones de estos seres que eligieron un día ser parte del tiempo.Venta de pinturas, esculturas, tiendas de diseño, talleres de fotografía, vitró y un sin fin de su arte se despliega a la vez que juegan con el paisaje y expresan ese modo particular de mirar Valparaíso.
Antes de terminar el recorrido, sólo queda elegir alguno de los restaurantes que son parte del movimiento comercial de la zona. Se ofrecen menús completos que rondan los $6.000 pesos chilenos (alrededor de $93), entrada: crema de brócoli con finas hierbas y timbal de trigo, fondo:pescado frito casero más überbackener y de postre: torta helada de chañal y berries.
Finalmente, y con el alma renovada el Cerro nos guiará pendiente abajo, hacia la realidad. Queda mucho Valparaíso por recorrer, pero formará parte de otra historia, la misma que han vivido los cientos de turistas mendocinos que eligieron a la ciudad portuaria como sede de sus vacaciones.
