Cuando llega el 21 de septiembre se produce un instantáneo cambio actitudinal en los individuos. En esta fecha existe algún tipo de mecanismo mental que, a partir del primer minuto del día, dice que inmediatamente llega el calor, que las flores estallan en múltiples colores y que el amor contamina el aire.

Entonces, hay que festejar. Las chicas se visten con apretadas remeras flúo y los chicos se calzan el jogging y la musculosa. Mate, galletitas, una pelota y el contacto con la naturaleza. Sin mantelito, despliegan los tuppers y se sientan en el pasto húmedo.

Las florerías de la Alameda parecen cargadas con más flores y clientela, pero esto es sólo un espejismo. Las ventas con la llegada de la primavera no se incrementan. Los día de la madre y de los enamorados son las celebraciones verdaderamente redituables.

Por otro lado, los gobernantes, aprovechando la fantasía que crea la sociedad con el cambio de estación, llevan a cabo una serie de actividades tendientes a “entretener al pueblo”, haciendo propaganda de su impecable gestión.

También están quienes decidieron encerrarse en sus casas para no ser víctimas de una conglomeración de gente feliz, y otros que usaron de excusa esta fecha para salir y distenderse con las diversas propuestas que ofrecían sus municipios.

En Capital, por ejemplo, el Departamento de Juventud organizó en el Parque Central una serie de actividades para que los jóvenes festejaran su día en forma sana. Juegos, actividades recreativas, un toro mecánico, body painting, bandas en vivo, demostraciones de skaters y un globo aerostático anclado en el piso con limitado vuelo, hicieron que el 21 de septiembre no pasara desapercibido.

Como diría Pedro Aznar:
Vuelta a brillar, suelta tu mal, vuelta a brillar Porque el invierno volverá
Hoy día es tiempo de tibieza
Día de sol sea este hoy día de sol
No insistas en mirar atrás
que un día, pronto, el día se helará
Cada día de primavera
Cada pétalo lleva una canción 

(Mirá el video al final de la fotogalería)