Luego de brindar con la familia, poner la mejor cara, responder el interrogatorio inquisidor de una tía casamentera y aparentar que todo lo que se habló durante la noche no nos introdujo en el mayor aburrimiento; nos sacamos el vestido manchado con las manos pegajosas de pan dulce y turrón de nuestro primito indeseable de 8 años y salimos a festejar como se debe.

Porque la Navidad se trata de eso, de festejar el nacimiento de Jesús, la filantropía de Papa Noél o de reunirnos con los afectos una vez al año.

Hicimos lugar en el auto, nos apretamos y nos metimos todos como si de un récord Guinness se tratara… ¡Y lo logramos! Durante todo el camino a la fiesta alternativa, fuimos cantando nuestro triunfo con la sidra desgasificada que pudimos robar de la heladera.

Arribados al nuevo antro, nos vimos obligados a festejar hasta que nos apiadamos del alba, porque en el Este, el sol sale más temprano. 

Fotos Cortesia:Pocion (Ph Nelson Coria)