Un hombre de 30 años fue asesinado a la salida de un boliche en la localidad de Batán, partido de General Pueyrredón, tras recibir una violenta golpiza que quedó registrada en videos grabados por testigos. La víctima fue identificada como Lucas Nahuel Larroque, quien murió horas después de ingresar con un traumatismo de cráneo severo al Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA).
De acuerdo con fuentes policiales, el episodio comenzó a metros de un local bailable ubicado entre Colectora y calle 132, a partir de una discusión entre jóvenes que escaló rápidamente de una agresión verbal a una pelea física. En ese contexto, Larroque intentó intervenir para defender a la hija de su pareja y a una amiga, y buscó separar a las involucradas para frenar la situación.
Siempre según la reconstrucción inicial, el hombre recibió una trompada que lo dejó tendido en el piso. Mientras estaba inconsciente, el principal acusado, un joven de 18 años, se acercó y le dio dos patadas en la cabeza. La secuencia fue filmada por testigos y se convirtió en una de las principales pruebas de la causa.
Tras el ataque, Larroque fue trasladado de urgencia al HIGA, donde los médicos intentaron estabilizarlo, pero su estado era crítico. Con el correr de las horas se confirmó su fallecimiento como consecuencia de las graves lesiones sufridas.
La investigación quedó a cargo del fiscal Leandro Arévalo, titular de la UFI N°7 de General Pueyrredón. El acusado fue alojado en la Alcaidía Penitenciaria de Batán. En un primer momento la causa se inició como tentativa de homicidio, pero fue recaratulada tras confirmarse la muerte de la víctima.
Durante el procedimiento también fue detenida una mujer de 24 años, acusada de resistencia a la autoridad luego de intentar obstaculizar el accionar policial. Fue trasladada a la Unidad Penal N°50 con intervención del fiscal de Flagrancia, Facundo de la Canale.
Marcó un antes y un después
La difusión del video y la mecánica del ataque —con golpes dirigidos a la cabeza cuando la víctima ya no podía defenderse— reavivaron de inmediato el recuerdo del crimen de Fernando Báez Sosa, ocurrido en 2020 a la salida de un boliche en Villa Gesell.
Aquel caso generó una fuerte conmoción social y terminó con condenas a prisión perpetua y penas de 15 años para los responsables. Desde entonces, cada episodio de violencia extrema en zonas de boliches vuelve a instalar el debate público sobre la seguridad nocturna, la violencia grupal y la falta de intervención temprana ante peleas que escalan en segundos.
Mientras avanza la causa en Mar del Plata, el nuevo crimen volvió a poner el foco en un patrón que se repite: ataques rápidos, víctimas reducidas en el suelo y golpes finales dirigidos a zonas vitales que convierten una pelea en un hecho irreversible.
