José Eliseo Funes salió de su casa este lunes por la mañana sin imaginar que pocas horas después estaría detenido, imputado por homicidio agravado y enfrentando una posible condena a prisión perpetua. El policía de 40 años, que hace un tiempo tiene destino en la Unidad de Procedimiento y Abordaje de la Niñez y Adolescencia (UPANA), había planeado una mañana simple: comprar comida para su mascota en un petshop de Luján de Cuyo y volver a casa.
Pero el destino lo puso frente a frente con el hombre que tres días antes le había arruinado el fin de semana. Todo terminó trágicamente con el malviviente muerto y el caso generó un fuerte debate social, debido a que la mayoría de los mendocinos, cansados de hechos de inseguridad, defendieron su accionar en cada opinión que plasmaron en las redes sociales y en protestas en la Comisaría 11 y el Polo Judicial.
El inicio de la historia
Fue el viernes 4 cuando todo comenzó. Funes estacionó su Honda Civic en calle Sáenz Peña para comprar en un Carrefour Express y en cuestión de minutos le vaciaron el vehículo. Se llevaron todo: su arma reglamentaria, una Taurus provista por la Policía de Mendoza, documentos, tarjetas de crédito, ropa, zapatillas Nike Jordan blancas con detalles beige que había comprado hacía poco, una mochila Quechua color bordó, hasta las pertenencias de su pareja, que también estaban en el auto. La bronca fue inmediata.
Las cámaras del sector captaron la secuencia completa: uno de los ladrones bajando y luego huyendo en un Chevrolet Prisma gris oscuro luego de utilizar un inhibidor de alarmas. Esas imágenes, que Funes vio después de hacer la denuncia formal en la Oficina Fiscal de Luján de Cuyo, quedaron grabadas en su memoria tanto como en los discos duros del sistema de videovigilancia.

El lunes por la mañana, antes de las 9.30, Funes llegó hasta la zona de calles Azcuénaga y Libertad luego de cumplir un servicio vestido de civil. Llevaba una mochila y vestía remera y pantalón cortos oscuros. Las capturas de las conversaciones con su pareja, que fueron presentadas como prueba por su defensa, a cargo de la abogada Susana Soleti del Ministerio de Seguridad, evidenciaron que el plan era comprar alimento para la mascota. Pero cuando llegó al petshop, estaba cerrado. Entonces decidió entrar a un quiosco para adquirir agua.
Al salir, todo cambió en un instante. Ahí estaba, recién estacionado a pocos metros, el Chevrolet Prisma gris que había visto en las cámaras de seguridad tres días antes en la puerta del mercado. El mismo auto que había usado el ladrón para escapar con todas sus pertenencias.
La versión del efectivo, que aún no declaró formalmente en el expediente, sostiene que el encuentro fue casual, fortuito, y estuvo lejos de ser planeado.
Funes aseguró desde un primer momento, tal como detallaron fuentes del caso a El Sol, que no había emprendido ninguna investigación paralela, que no había salido a buscar al delincuente, que simplemente se topó con él en ese momento y en ese lugar, en una transitada esquina lujanina. Y que cuando lo vio, hizo lo que cualquier policía debería hacer: intentar detenerlo.
Las cámaras de seguridad de la zona, a las que accedió este diario, muestran lo que sucedió después. Funes se paró adelante del vehículo, en el camino del Prisma, y dio la voz de alto. Intentó identificarse como efectivo policial y también frenarle el paso al sujeto. Pero el conductor, Federico Rubén García (37), un hombre con antecedentes por delitos contra la propiedad y pasado carcelario, no se detuvo.
Al contrario, aceleró a toda velocidad. El auto avanzó directo hacia el policía y alcanzó a golpearlo en el pie izquierdo. Funes en ese momento sintió el impacto. El impacto le provocó un esguince, lesión que quedó constata horas después cuando fue llevado a examinar tras su aprehensión, agregaron las fuentes.
Cómo fue el robo que sufrió el policía en Luján y quién es el presunto malviviente baleado en la cabeza
El viernes a la tarde, precisamente a las 19.40, un policía dejó su auto estacionado cerca del supermercado Carrefour Express de calle Sáenz Peña, en Luján. Necesitaba hacer algunas compras. Cuando volvió, encontró su Honda Civic abierto y vacío: le habían…
Fue entonces cuando Funes sacó su arma y comenzó a disparar. Lo hizo ocho veces. El Chevrolet Prisma ya estaba en movimiento, alejándose, con García al volante intentando escapar. Una de esas balas entró por la ventanilla y le impactó en la cabeza.
El auto siguió avanzando unos metros más hasta chocar contra otro rodado y volcar.
García fue trasladado de urgencia al Hospital Central, donde agonizó durante algunas horas antes de morir. Cuando los investigadores revisaron sus pertenencias, encontraron un detalle que fue confirmatorio, también revelado por este diario: llevaba puestas las zapatillas Nike Jordan blancas con detalles beige, las mismas que le habían robado el viernes por la tarde.

Por la calificación que le endilgaron a Funes, para el fiscal Gustavo Pirrello y el jefe de la Unidad Fiscal de Homicidios, Fernando Guzzo, esos detalles no alcanzaron para justificar lo ocurrido. Durante casi dos días analizaron cada elemento del expediente antes de tomar la decisión que sacudió a la fuerza policial: imputar a Funes por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por su condición de sujeto activo, una calificación que prevé prisión perpetua si es hallado culpable en un juicio por jurado.
Los fiscales se apoyaron en tres puntos centrales. Primero, que Funes conocía el vehículo que perseguía, había visto las imágenes del robo, sabía qué auto buscar.
Segundo, que el efectivo de la UPANA no tenía asignada ninguna tarea relacionada con la investigación de su propio robo, que actuó por su cuenta sin dar aviso a sus superiores ni al CEO, que emprendió lo que el Ministerio Público considera una “investigación paralela” que excedió sus funciones.
Y tercero, que disparó ocho veces en una zona urbana transitada contra un hombre que, según confirmaron las cámaras, no estaba armado. Para el Ministerio Público, la vida de Funes no estuvo en riesgo real, y por lo tanto no hubo legítima defensa ni exceso en ella.
El caso divide las aguas. El expediente está abierto y la calificación podría cambiar a medida que se incorporen otros peritajes.
Por ahora, Funes enfrenta la acusación más grave. Iba a ser trasladado al penal, pero el fiscal Pirrello hizo lugar al pedido de la abogada Soleti y resolvió que permanezca con detención domiciliaria en la casa de su pareja. Desde ahí, en los próximos días, se espera que declare formalmente y cuente su versión completa en el expediente.
