La secuencia de violencia comenzó con un disparo en la cabeza y terminó, cuatro días después, con un ataque sexual dentro de su propia casa. Por esos hechos ocurridos hace poco más de dos años, este martes David Ezequiel López Peletay (22) fue condenado a 10 años de prisión por intento de homicidio y abuso sexual en perjuicio de una joven del barrio Grilli Sur, en Puente de Hierro, Guaymallén. El fallo fue dictado por el juez Agustín Chacón, tras el juicio en el que la fiscal de Homicidios Florencia Díaz Peralta sostuvo la acusación.
El caso expuso con crudeza la situación que atravesó la víctima, quien ya venía siendo hostigada en el marco de un conflicto entre familias que se arrastraba desde el asesinato de su tío en 2021. En ese contexto, el 4 de enero de 2024, cerca de las 18, la mujer -se reserva su identidad porque fue víctima de abuso- caminaba por el interior del barrio cuando escuchó disparos.
“Viste que te ibas a regalar”: el disparo en la cabeza a una chica y la rivalidad por un sangriento crimen
La noche del 21 de febrero de 2021, una pelea entre vecinos del barrio Grilli Sur, en Puente de Hierro, Guaymallén, tuvo un resultado fatal: Alexis Videla Sosa, de 27 años, fue asesinado de 16 puñaladas por un grupo de sujetos…
Al darse vuelta, se encontró con López Peletay, con quien tenía problemas previos. El joven la insultó, se acercó con un arma de fuego y, a corta distancia, le efectuó un disparo directo a la cabeza, no sin antes amenazarla: “Viste que te ibas a regalar la concha de tu madre, viste que ibas a terminar como tu tío hija de puta”.
La bala ingresó en la zona parietal derecha, detrás de la oreja, y salió sin provocar daños cerebrales. La joven sobrevivió por centímetros. Herida y sangrando, logró escapar corriendo hacia su casa y luego fue trasladada a un centro de salud, desde donde la derivaron al Hospital Central.
Los estudios confirmaron que la lesión no había comprometido estructuras vitales, aunque el impacto y el contexto del ataque fueron determinantes para sostener que la intención del agresor había sido matarla.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, el ataque marcó el inicio de una escalada aún más grave. Cuatro días después, el 8 de enero, la joven volvió a ser víctima del mismo hombre, esta vez acompañado por el ex convicto Roberto Bairac, un sujeto con una larga lista de antecedentes. Esa tarde, ambos irrumpieron sin autorización en la vivienda de la víctima, donde ella se encontraba sola.
Según se acreditó en el debate, López Peletay ingresó armado con una escopeta y la golpeó en la cabeza, justamente en el lugar donde días antes le había disparado, mientras le decía: “Te duele hija de puta, te duele”.
En paralelo, Bairac le introdujo un arma de fuego en la boca y la increpó: “Vos sos la paca que batís a la cana, sos policía culiada”, para luego someterla a tocamientos, al tiempo que la amenazaba: “Si gritás te voy a volar la gorra de un tiro guacha paca culiada”.
En simultáneo, López Peletay también la manoseó en distintas partes del cuerpo y le dijo: “Te has puesto linda, tenés mansas tetas, estás re rica”, todo mientras la víctima permanecía inmovilizada por el miedo. Cuando la joven logró reaccionar y comenzó a gritar, ambos la intimidaron nuevamente: “Callate, otra vez vas a batir la cana paca culiada, si nos denunciás te cagamos matando, si ponés la denuncia te vamos a matar”.
La víctima declaró que el terror la dejó paralizada durante gran parte del ataque. Recién cuando pudo gritar, los agresores escaparon del lugar. Afuera, otros hombres armados los esperaban en un vehículo, lo que reforzó el escenario de intimidación en el que se produjo el hecho. Minutos después, todos huyeron en una camioneta.
Durante el juicio, la acusación se apoyó en el relato consistente de la víctima, los informes médicos sobre la herida de bala en la cabeza y las pericias psicológicas que concluyeron que su testimonio era coherente, creíble y compatible con una situación de violencia real. Los especialistas también señalaron las secuelas emocionales que le provocaron los ataques, como miedo persistente, alteraciones del sueño y angustia.
El juez dio por acreditado que ambos hechos estuvieron directamente vinculados y que se produjeron en un contexto de hostilidad sostenida entre grupos familiares del barrio Grilli Sur, enfrentados desde el crimen ocurrido en 2021.
En ese marco, la joven fue blanco de una agresión que combinó violencia extrema, amenazas y abuso, y que terminó con una condena que unificó ambos episodios en una pena de 10 años de prisión para López Peletay. Bairac, por su parte, ya había reconocido el abuso sexual en un juicio abreviado que se desarrolló el año pasado. En ese proceso recibió tres años y siete meses de cárcel por abuso sexual simple agravado por el uso de arma de fuego y violación de domicilio.

Justamente, este sujeto, apodado el Chinaco, es un hombre oriundo del este de Guaymallén, con antecedentes y señalamientos por distintos hechos delictivos desde hace más de una década, entre ellos robos, tiroteos y amenazas. Incluso, en determinados momentos fue vinculado por investigadores a la banda deLos Cataldo.
La notoriedad de Bairac volvió a crecer cuando protagonizó una insólita fuga mientras era trasladado por policías en enero del 2024, luego de ser capturado por este hecho de abuso. Aprovechó un agujero de unos 50 centímetros en el piso del furgón en el que viajaba junto a otros detenidos y escapó sin ser advertido por los efectivos, que recién notaron su ausencia al llegar a destino.
Tras salir del vehículo, abordó un taxi ocultando las esposas y descendió en la zona de Los Corralitos, donde continuó la huida en bicicleta. El escape activó un operativo con participación de móviles y un dron, que culminó minutos después con su recaptura en el barrio Grilli Sur, a pocas cuadras del lugar donde había comenzado la fuga.
