Carlos Miguel Díaz Vilches (remera blanca) y los abogados defensores durante la audiencia.

Con la exposición de las partes quedó formalmente abierto este lunes el debate por jurado popular contra Carlos Miguel Díaz Vilchez (66), acusado de haber asesinado a su pareja, Ivana Romina Molina Narváez, y de haber ocultado su cuerpo a principios de abril del 2023.

El proceso se desarrolla sin que los restos de la mujer hayan sido hallados a lo largo de más de dos años de instrucción, eje central de una causa que enfrenta dos hipótesis irreconciliables.

La acusación, representada por los fiscales Fernando Guzzo y Claudia Ríos, presentó el caso como “un crimen macabro”, al sostener que el imputado mató a la mujer en la vivienda que compartían en Ciudad y luego hizo desaparecer el cadáver.

Para el Ministerio Público, Ivana fue “víctima de violencia de género” en un vínculo atravesado por celos y episodios previos denunciados de maltrato física, psicológico y económico.

Según la teoría fiscal, la última actividad del celular de la mujer se registró la noche del 31 de marzo de 2023, tras una reunión con amigos. El 1 de abril, ambos habrían salido a vender objetos para continuar consumiendo drogas y alcohol.

La venta de una juguera a bajo precio habría generado un conflicto. Desde entonces, el teléfono “no se activó más”; Ivana no volvió a visitar a sus hijos ni a presentarse en sus lugares de trabajo. “Se la tragó la tierra”, graficaron los fiscales ante el jurado, al remarcar que esa desaparición abrupta “no es lógica”.

Para la fiscalía, tras el homicidio el acusado inició maniobras de ocultamiento: rompió el piso de la vivienda, pidió herramientas –“un pico, una pala, una bolsa de cal”– y contrató a una persona para retirar lo que aparentaban ser escombros.

También señalaron que festejó su cumpleaños sin Ivana, viajó a Buenos Aires con el teléfono apagado, no colaboró en la búsqueda y “dejó atrás su vida, su trabajo, su auto, su familia y todas sus pertenencias”, hasta ser detenido un mes después, explicó Guzzo ante el jurado popular.

Uno de los pilares de la acusación es la prueba científica. En la casa se hallaron rastros de sangre que los análisis genéticos atribuyeron a la víctima, en sectores como el baño y un colchón.

A ello sumaron testimonios que describieron a Ivana golpeada y en una situación de riesgo alto. Guzzo reconoció ante el jurado la principal dificultad del caso: “Nuestro caso tiene eventualmente una debilidad y yo les pido que estén predispuestos a romperla nuevamente en función de la prueba: sabemos que no tenemos una prueba directa, sabemos que no tenemos el cuerpo, pero tenemos sobrados indicios lógicos y concatenados para llegar a la solución que hoy vamos a proponer”.

La defensa, encabezada por Ariel Benavidez y Marcelo López, centró su estrategia en cuestionar el hecho mismo. “Se usó la palabra desaparecida. No estoy seguro de que esté desaparecida. Solo sucede que no la encontraron”, afirmó Benavidez. Y planteó al jurado: “La jueza dijo que tenían que determinar la responsabilidad del acusado en el hecho. ¿Qué hecho? El hecho sería la muerte. Ustedes tienen que ver la prueba si la persona se murió, primero. Porque para esta defensa no hay ninguna prueba de que la señora Ivana Molina esté muerta”.

En ese sentido, pidió que el análisis se haga en dos pasos: “Primero les pido que ante esa gran responsabilidad que pesa bajo sus hombros, que es condenar o no a una persona, primero adviertan si está probado el hecho de la muerte y segundo vean quién lo hizo”.

También discutió el contexto de la relación. “No es verdad que eran pareja; sí es cierto que fueron pareja”, dijo, y sostuvo que la mujer ejercía la prostitución y consumía drogas, en línea con la hipótesis defensiva de que podría estar viva fuera del país.

Así las cosas, el jurado deberá resolver si los indicios presentados alcanzan para tener por acreditada la muerte de Molina y, en su caso, si Díaz Vilchez fue el autor. El debate se desarrollará durante toda esta semana con la declaración de testigos y la exposición de otras pruebas.