Pasan las horas y la fiscal María Mónica Fernández Poblet sigue recolectando pruebas para encaminar el expediente por la muerte de Brian Cuello, ocurrida el viernes a las 11 en San Martín durante una trifulca entre policías y vecinos del barrio llamado Villa Ambrosio. Un subcomisario que recibió dos piedrazos en el rostro y se encuentra internado es el sospechoso de quitarle la vida durante un operativo, pero no ha sido imputado.
Ayer, trascendió que el arma que fue hallada al lado del uniformado, quien perdió el conocimiento tras ser alcanzado por los proyectiles que partieron desde una honda, una pistola calibre 9 milímetros marca Browning, fue la que terminó con la vida del joven de 17 años. Tras el hecho de sangre, la magistrada ordenó que cinco pistolas –la citada más otras cuatro marca Bersa– de efectivos que estuvieron presentes en la escena, sean secuestradas y sometidas a cotejos en Policía Científica para determinar cuál era había sido utilizada para dar muerte a Cuello. Se realizó la comparación balística entre el proyectil que tenía alojada la víctima en el cuello, el que estaba prácticamente intacto, y el resultado con la Browning fue positivo, explicaron fuentes del caso a El Sol.
De esta forma, el informe de este peritaje va de la mano con lo declarado por los otros policías que estuvieron presentes en el procedimiento. El viernes después del homicidio, cuando comparecieron ante la fiscal, habían señalado que ellos habían accionado sus armas reglamentarias pero contra el suelo, con el objetivo de disuadir a los revoltosos.
Y trascendió que las declaraciones apuntaron a que el subcomisario Marcelo Gatica (45), que estaba desarmado y a cargo del procedimiento, le había sacado la pistola a uno de los uniformados que portaba una escopeta Itaka para defenderse de los piedrazos que sufrían de parte de un grupo de personas de un barrio conflictivo durante el operativo.
Lo cierto es que, con el avance que presentó la causa con el resultado de los peritajes balísticos, Fernández Poblet podría definir la calificación que corresponde para el efectivo que está en la mira. El expediente está caratulado como averiguación homicidio pero no está definido si es agravado por el uso de arma de fuego y por la función, en exceso de la legítima defensa o culposo (sin intención).
Pero, el subcomisario Gatica, que es reconocido por su buen comportamiento y con hoja de servicio impecable, no será notificado de la decisión de la fiscalía hasta que reciba el alta médica, ya que no está en condiciones físicas de defenderse.
Se encuentra alojado en el Hospital Militar y con lesiones importantes por traumatismo encefalocraneano. “Realmente está mal. No miente, se encuentra en estado de shock y con problemas por el fuerte impacto de dos piedrazos con hondas”, informó una fuente judicial. Y agregó que se le están practicando diversos estudios para determinar si existe lesión cerebral.
El viernes a las 11, policías que se encontraban realizando un procedimiento frente al barrio Villa Ambrosio comenzaron a ser agredidos verbalmente y con piedras por un grupo de adolescentes.
Hubo disparos disuasivos con postas de goma y también con armas reglamentarias. El grupo de jóvenes cruzó el cauce que separa un descampando y el carril Costa Canal Montecaseros e intentó refugiarse en una vivienda abandonada.
La reconstrucción primaria sostiene que el subcomisario le pidió el arma reglamentaria a uno de los efectivos que lo acompañaban y salió en busca de uno de los agresores. En ese momento se produjo la muerte de Cuello, quien estaba de frente al uniformado. El proyectil ingresó por el pómulo derecho. Los testigos describieron en el expediente que no vieron cómo se produjeron la muerte ni el ataque con piedras al miembro de la fuerza. Se cree que Gatica se encontraba unos 50 metros de la víctima cuando accionó el arma.
Cuando llegaron los otros efectivos, el subcomisario quedó desmayado en el piso, a unos 15 metros del joven muerto. A su lado, estaba la pistola Browning y, al costado del cadáver de Cuello, hallaron una honda con una piedra.
