Fernando y Claudia Pesetti, Enrique Riosfrio y el baleado Miguel Barros.

El caso que sacudió a Las Heras el martes por la mañana y que fue revelado por El Sol sumó en las últimas horas nuevas piezas que complejizan la trama. Lo que en un principio se presentó como un secuestro con un joven hombre baleado, es analizado también por la fiscalía como una secuencia que pudo haberse iniciado con un robo y derivó en una violenta represalia. En el centro de esa escena aparece una figura clave: Miguel Agustín Barros Cornejo.

De acuerdo con fuentes del caso, tiene 25 años.  Y quedó internado en el Hospital Lagomaggiore con consigna policial, mientras los investigadores judiciales definen su situación procesal.

Hasta este miércoles por la tarde no había sido imputado, aunque su nombre figura en el expediente por un motivo central: fue señalado como uno de los dos sujetos que habrían ingresado a robar a una casa durante la noche del lunes, destacaron fuentes policiales y judiciales.

Esa sospecha lo ubica en una posición ambigua dentro del caso, ya que horas después terminó siendo el protagonista como víctima de un presunto secuestro, con golpes y un disparo en el pie, antes de ser abandonado en la ruta 52.

La reconstrucción que manejan los pesquisas de Investigaciones, quienes hablaron con este diario luego de un allanamiento en la propiedad, indica que todo comenzó pasadas las 11 en una casa de calle Uruguay al 600, cuando el portón quedó entreabierto y al menos dos hombres ingresaron armados.

Horas más tarde, esta mujer, quien cumplió 30 años el fin de semana, dijo a policías de la Unidad Especial de Patrullaje (UEP) que recibió un video a través de WhatsApp en el que se lo veía herido, lo que encendió la alarma y derivó en la intervención policial. El propio joven se lo confirmó a los policías que tuvieron contacto con él luego que fue interceptado, secuestrado y liberado en un descampado.

Allí, según la denuncia de la pareja de Barros Cornejo, exigieron la entrega de armas y otros elementos que aseguraban les habían sido sustraídos durante la noche. “Dónde están los fierros”, gritaron, palabras más, palabras menos, tal como describió la testigo.

En paralelo, la causa avanzó sobre otro frente: tres personas que terminaron aprehendidas. Se trata de Claudia Pesetti (35), el ex convicto Fernando Raimundo Pesetti (61) y el mecánico Enrique Maximiliano Ríosfrio (38), detallaron fuentes judiciales.

El trío quedó en la Subcomisaría Iriarte no solo por lo que comentaron ante los policías que trabajaron el caso, sino también por grabaciones de las cámaras de seguridad de vecinos, que los registraron llegando en una camioneta blanca y bajando con palos luego de que tomaran conocimiento de que había un par de personas intentando robar en una casa de su entorno, en calle Sarmiento al 2500.

Esa secuencia alimentó una de las principales hipótesis del expediente. De acuerdo con esa teoría, los presuntos autores del robo fueron detectados cometiendo el delito por los vecinos del sector, quienes alertaron a los dueños de la vivienda.

Minutos después, los ahora detenidos habrían llegado al lugar y comenzaron a perseguirlos para intentar recuperar lo sustraído. Lo que los detectives buscaban determinar era en qué momento esa reacción derivó en un hecho mucho más grave: la privación ilegítima de la libertad y las lesiones que presenta Barros Cornejo. Eso ocurrió entre las 11 y el mediodía del martes, cuando Barrios Cornejo dejó la casa de calle Uruguay con la intención de hacer “unas changas”.

Los indicios recolectados reforzaron esa línea investigativa. En el citado domicilio de calle Sarmiento (parte en construcción), señalado como posible lugar de cautiverio, los pesquisas encontraron manchas de sangre tanto en el patio como en el interior. Ese hallazgo, sumado a las lesiones del joven, apunta a la sospecha de que allí pudo haberse concretado parte de la agresión.

Dentro de los protagonistas, uno de los nombres que más peso tiene en la instrucción es el de Fernando Pesetti. Su pasado judicial lo coloca nuevamente bajo la lupa: en el 2015 fue condenado por el asesinato de Alan Garay, el fisicoculturista conocido como “el hombre más fuerte del mundo”, a quien apuñaló tras una discusión callejera.

Años más tarde volvió a ser condenado por un caso de violencia de género, con amenazas contra quien era su pareja. Esa reincidencia es un elemento que no pasan por alto al analizar su rol en el episodio actual.

El expediente por la causa reciente, que está en manos del fiscal de Delitos No Especializados Gabriel Blanco, se mueve sobre varias líneas simultáneas.

Por un lado, el presunto secuestro y el disparo y las lesiones provocadas al joven de 25 años, señalado como uno de los autores de un robo. Por otro, ese hecho que habría ocurrido previamente y que podría haber sido el detonante de toda la secuencia. Hasta la tarde de este miércoles, no había imputaciones formales, pero la situación de todos los involucrados era materia de análisis y podría haber acusaciones que motiven traslados a la cárcel.