Los investigadores no creen ni una palabra de la versión inicial que el psicólogo Ariel Ignacio Moya Rubinow les dio con respecto a cómo encontró a su pareja de 24 años en el departamento que compartían en Ciudad a fines del mes pasado. Menos, la explicación que aportó sobre las lesiones que ella presentaba en la zona del cuello. “Simples excusas”, sentenciaron fuentes del caso consultadas por El Sol.
Este profesional de 41 años nacido en San Juan está preso desde fines de febrero, acusado de intento de femicidio, y, en los próximos días, la fiscal de Homicidios Andrea Lazo solicitará la prisión preventiva en su contra.
El objetivo es que un juez dicte la medida cautelar que afecta la libertad para avanzar en el caso, debido a que tienen la convicción de que simuló un intento de suicidio de su novia cuando, en realidad, buscó matarla.
La hipótesis del Ministerio Público es clara y contundente: Moya Rubinow, también docente, músico y hasta creador de contenidos en Youtube, intentó asesinar a su novia –se reserva su identidad por tratarse de un caso de violencia de género– utilizando una cuerda en el departamento que compartían en calle España, de Ciudad.
Entienden que le provocó heridas que casi le costaron la vida a la joven. “La fricción de la cuerda con la piel le quemó el cuello”, explicaron con precisión.
Tanto es así que desde el 26 de febrero por la noche se encuentra internada y por momentos sedada en el Hospital Central. Contrajo neumonía y los médicos analizan realizarle una traqueotomía para que pueda hablar.
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La causa, revelada por este diario, está en sus primeros pasos mientras Lazo continúa con la recepción de pruebas físicas y testimoniales.
Ordenar la captura no fue una tarea sencilla. Primero, se activó el protocolo de femicidios –permite, entre otras cosas, que médicos forenses trabajen sobre la víctima y eleven un informe sin demoras a la fiscal– y, luego, comenzaron a recepcionar las declaraciones.
La recolección de las pruebas complicaron a Moya Rubinow. Justamente, el docente ejecutó algunas acciones dudosas la noche del ataque.
Dijo que discutieron y que salió a fumar un cigarrillo a una plaza cercana a su domicilio, que le extrañó que su pareja no lo llamara –como hacía después de cada pelea que tenían– y que decidió volver.
En ese momento –explicó cuando no era sospechoso–, la encontró colgada de una cuerda que permanecía enrollada en una perilla del placar.
La noche del citado día, todo parecía un caso de intento de suicidio. Sin embargo, todo cambió cuando entró en escena la Justicia.
Los detectives notaron que contaba cada detalle y lloraba sin parar. “Estaba haciendo un acting” ante el círculo íntimo de la mujer.
Además, descubrieron que lo primero que hizo Moya Rubinow después de “encontrar a su pareja” fue comunicarse con su psiquiatra personal en vez de llamar al 911.
La hipótesis de una agresión intencional terminó de cerrarse cuando tres profesionales del Cuerpo Médico Forense (CMF) confirmaron que las lesiones que presentaba la víctima en el cuello no eran compatibles con un intento de suicidio.
Le explicaron a la líder de la instrucción que estaban frente a un intento de femicidio y que la soga había sido pasada dos veces por ese sector del cuerpo.
Una prueba que no pasó desapercibida en el expediente está relacionada con una reacción que tuvo la chica mientras se encontraba internada.
Cuando los médicos del Central limitaron las dosis de sedación, la joven se despertó y empezó a gritar entre dormida: “Me quiere matar, me quiere matar”.
Esa cadena de irregularidades, que no pasaron desapercibidas, lo colocaron en la cima de las sospechas.
Moya Rubinow no ha declarado en el expediente.
Es posible que lo haga en los próximos días mientras espera el futuro del proceso en una celda de la cárcel de Boulogne Sur Mer.
Más allá de esto, su entorno sostiene que no quiso cometer un femicidio y que la joven ya presentaba antecedentes de suicidio.
