Mauricio Javier Suárez le ganó al sistema. Y terminó de cerrar su historia con la Justicia local este viernes a las 13.50, cuando salió del edificio del Ministerio Público, ubicado en el Polo Judicial de Ciudad. Buscó una certificación que lo exima de cualquier responsabilidad penal. La consiguió. El sospechoso número uno del doble crimen del psicólogo Flavio Piottante y su paciente Analía Estrella Libedinsky, que marcó un antes y un después en la historia criminal mendocina hace más de 17 años, volvió a Mendoza.
Vestía remera y zapatillas blancas, pantalón de jeans y comenzó a caminar hacia el sur. Bajó las escaleras del moderno edificio luego de presentarse en la Unidad Fiscal de Homicidios y no frenó ante la requisitoria periodística. Prefirió callar. Sólo miró fijamente hacia el horizonte y se colocó los lentes de sol para evitar el contacto visual. Ya no es ese hombre de tez trigueña cuya foto se viralizó a los pocos días de que lo sumaran a la orden del día porque las canas ganaron espacio en su cabeza.
Comenzó a correr hacia el este por calle Plantamura, frente a la cárcel de San Felipe, y un Chevrolet Cruze negro frenó a su lado. Llevaba un sobre A4 color madera lleno de documentación. Se subió al vehículo por el lado del acompañante y partió con rumbo desconocido. De esta forma, quedó en claro que Mauricio Suárez no tiene por qué explicarle a la Justicia y a la sociedad que era el acusado de matar al hombre de 39 años y a la joven de 31.
Por la información a la que accedió este diario, Suárez se presentó en la fiscalía de Claudia Ríos porque todavía el pedido de captura por el hecho se encuentra vigente en algunas dependencias policiales y judiciales del país. Hace algunos meses la causa prescribió por resolución judicial y Suárez comenzó a circular por el país como cualquier ciudadano.
Este hombre, que hoy tiene 49 años –nació el 23 de mayo de 1974–, dejó a su pequeño hijo de 5 años, sus padres, la hermana y amigos y huyó cuando se transformó en el acusado del expediente P-66.775/06, que se instruía por el doble crimen de calle Barcala de Ciudad.
Una hipótesis sostiene que lo hizo vía terrestre por la Terminal de Ómnibus de Guaymallén, debido a que su auto Fiat Uno fue hallado cerca de allí. Sin embargo, nunca se pudo comprobar y no descartan que haya sido una maniobra de distracción.
Nada se sabía de él hasta agosto de este año, cuando fue demorado en el norte del país, una vez que la causa había prescripto. A pesar de los rastrillajes que se ordenaron, como en Coquimbo y La Serena de Chile en el 2019 cuando llegó una alerta roja de Interpol y en San Luis –en el límite con Córdoba, luego de la declaración de un ex policía– hace un par de años, no hubo novedades positivas.
No se registraron comunicaciones que ubicaran sus destinos ni testigos que aportaran datos esclarecedores con respecto a las zonas por donde se movió. Simplemente, “se lo tragó la tierra” durante años, como revelaron los detectives.
La causa prescribió porque se cumplieron 15 años del hecho: “La acción penal se prescribirá durante el tiempo fijado a continuación: 1. A los quince años, cuando se tratare de delitos cuya pena fuere la de reclusión o prisión perpetua”, sostiene el artículo 62 del Código Penal.
El abogado Martín Ríos, que siempre se presentó como representante de Suárez ante las diferentes pesquisas del Ministerio Público, pidió formalmente el sobreseimiento de su cliente por prescripción y se fijó la fecha la audiencia correspondiente. La jueza María Cristina Pietrasanta resolvió lo que marca la ley.



El doble crimen que conmocionó a la provincia
Los cadáveres de Flavio Piottante y Analía Estrella Libedinsky fueron hallados la mañana del 13 de julio del 2006 en la casa-consultorio de calle Barcala. Fue la madre del psicólogo quien se encontró con la dramática escena en la propiedad: su hijo había sido golpeado y baleado y la joven paciente, estrangulada. Los asesinatos, de acuerdo con el informe forense de la necropsia, ocurrieron durante la tarde noche del miércoles 12.
El doble crimen se transformó por aquel momento en el hecho policial más impactante de la época. Cuatro días después, los investigadores marcaron a Mauricio Suárez como autor material. Básicamente, las antenas de teléfonos celulares lo posicionaron en la escena y se trataba de la ex pareja de la novia actual del psicólogo, Andrea Troncoso.
Esta fue, durante muchos años, la hipótesis principal de los detectives. También se habló de otros autores, tal como reveló este diario en un informe secreto que no fue tenido en cuenta, y de lo difícil que sería comprobar con otras pruebas que el sospechoso había estado en la escena.

El domingo 16 de julio a las 20.28, es decir, tres días después de hallados los cadáveres de las víctimas, compareció espontáneamente ante el fiscal Daniel Carniello un testigo que pidió ser de identidad reservada. Lo identificaron como “A”.
Se trataba de un amigo de Suárez, quien trabajaba por aquellos días en el Ministerio de Seguridad como jefe de Logística. Con el paso de los días, se conoció que era Diego Coronel y que se había juntado con su amigo Suárez el viernes 14 –y madrugada del sábado 15– en un bar de calle Arístides. De su declaración se desprende:
“Sólo sé que una persona que es allegada a la pareja de la víctima me dijo: ‘Me mandé una cagada y me tengo que ir del país’, esta persona se llama Mauricio Suárez”… Y agregó: “Yo no puedo decir de manera fehaciente que es o no el culpable, pero hablando con los que viven con él, hablamos de venir a declarar”.
Para los detectives, si el dato llegaba antes, Suárez no hubiese tenido tiempo para escapar. Es más, el sábado durante la mañana estuvo con otros conocidos y el domingo 16 al mediodía almorzó con su padre en Las Heras.
Cuando lo fueron a detener, ya era demasiado tarde: había escapado sin dejar rastros tras almorzar con sus padres en el barrio Cirsubdoz, de Las Heras.
Luego le perdieron el rastro. El caso pasó por varios investigadores judiciales y policiales pero no hubo caso. A Suárez se lo tragó la tierra. Sospechan que pudo estar oculto en otro país.
