“Estoy arrepentido por lo que ha pasado, sólo fuimos a hacer una plata para comer y pasó un accidente”, se excusó Genaro Pantaleón Lucero (44) durante su declaración en el juicio por jurados que enfrenta por el crimen de Carina Rodríguez (42), la verdulera ultimada en un asalto ocurrido en 2019 en San Martín.

Durante la última jornada del debate, que se desarrolló este miércoles en los Tribunales del Este, el confeso homicida de la mujer tomó la palabra y respondió una serie de preguntas formuladas por su defensa y la Fiscalía.

“No tenía plata para comer, para darle de comer a mi familia y fuimos a hacer una moneda”, comenzó relatando el imputado frente a los doce ciudadanos que conforman el tribunal popular.

“Encontramos ese negocio y se bajó uno de los muchachos, compró unas frutas y pegamos la vuelta. Entré yo y vi a una nena que estaba acostada, seguí de largo y en el baño encontré a una mujer”, se trataba de Rodríguez, la víctima del hecho, quien estaba acompañada por su hija, que en ese entonces tenía 12 años.

De acuerdo con el relato de Lucero, no tuvo intenciones de quitarle la vida a la comerciante: “Le dije que no le iba a hacer nada, que sólo quería plata. La persona (Rodríguez) empezó a gritar y se me abalanzó encima y yo la empujé con las dos manos. Ahí fue cunado sentí la explosión y me quedé en shock“, aseguró.

Y continuó expresando: “Yo me quedé un rato mirándola y salí, me subí al auto y nos fuimos. Ahí ya no me acuerdo nada más”.

El matador explicó en su versión que el disparo fue sin intención y, entre lágrimas, sostuvo que está arrepentido: “Le pido perdón a la mi madre y a mis hijos. Todas las noches cuando me voy a acostar pienso en mis hijos y en esa nena”, formuló en referencia a la hija de la víctima.

Finalmente, la Fiscalía le consultó sobre el arma homicida y Lucero le contestó que no recordaba dónde quedó. Tras eso, la jueza pasó a un cuarto intermedio, tras el cual se desarrollarán los alegatos de cierre y posteriormente el veredicto y sentencia.

Los fiscales Oscar Sívori y Martín Scattareggi, a cargo de la instrucción, argumentan que Lucero mató a Rodríguez para alcanzar la impunidad en el asalto, por lo que debe ser hallado culpable por el delito de homicidio criminis causa, que prevé como única pena la prisión perpetua.

Por su parte, la defensa a cargo de Pedro Sosa, asegura que se trató de un disparo accidental, motivo por el que su cliente debe ser condenado por homicidio en ocasión de robo, por el que recibiría una pena entre 13 y 33 años de cárcel.

Esa calificación fue por la que condenaron durante un juicio abreviado final a los tres cómplices del hecho de sangre, entre los que se encuentran el hijo de Lucero, Genaro Nicolás (25).

Al joven le dieron una pena de 15 años de encierro, mientras que a los dos restantes, David Fabián Bravo Chaile (38) y Gonzalo Oscar Bravo Corso (26) recibieron un castigo de 13 años y 5 meses de reclusión. 

El crimen

Corrían las 16 del jueves 21 de noviembre cuando cuatro delincuentes irrumpieron en la verdulería Nico, localizada en avenida Lima y calle Soler, donde se encontraba la propietaria, acompañada por su hija.

Los maleantes actuaron a cara descubierta y amenazaron con un arma de fuego a la víctima. Le exigieron con violencia el dinero de la recaudación, pero en la caja registradora había unos pocos billetes.

Por ese motivo, tomaron una balanza, un parlante y unas botellas de vino, que cargaron al Peugeot 307 gris en el que llegaron. 

La reconstrucción oficial sostiene que, antes de retirarse, Lucero Videla le propinó un disparo en la cabeza a Rodríguez, que le quitó la vida en el acto. 

Tras la detonación y posterior huida de los autores, vecinos alertaron al 911. Policías y una ambulancia del Servicio de Emergencias Coordinado (SEC) acudieron al lugar, no obstante los médicos no pudieron hacer nada, ya que la víctima no presentaba signos vitales. 

Algunas horas más tarde, tareas de rastrillaje permitieron dar con el Peugeot de los maleantes en el barrio Villa del Carmen. En un domicilio de ese complejo, fueron aprehendidos Lucero Videla, su hijo y Bravo Chaile.

En tanto, casi dos semanas después Bravo Corso, señalado chofer de la gavilla, fue capturado cuando esperaba un colectivo frente al Hospital Perrupato.