¿Cuándo comenzaste a delinquir? A los 13 empecé a robar. Robaba macetas. A esa edad ya me drogaba con marihuana. Yo no le echo la culpa a nadie de que haya empezado a delinquir, a mí me gustaba. Después, de a poco, empecé a robar estéreos, una bicicleta, hasta que llegué al homicidio del policía Eduardo Sánchez.¿Siempre se quiere más? Sí, siempre. Son etapas. ¿Terminaste el colegio? Sí, la primaria.
¿Por qué no continuaste? Porque ya estaba en la huevada. ¿Tus padres qué te dijeron? Ellos querían que siguiera estudiando. Me inscribieron en una escuela privada, pero no quería, y ellos venían cada dos por tres y me decían “Fabián, andá a la escuela”. Y después yo andaba en otra y nunca más retomé. ¿A qué se dedican tus padres, viven en el barrio San Martín, donde te criaste? Mi papá, Socorro, quería que fuese ingeniero, porque él trabaja en la construcción. Mercedes, mi mamá, es administrativa en una clínica privada. Tengo muy buena relación con mi familia. Me han apoyado siempre.
¿Estás en pareja? Sí, y tengo una hija de cuatro meses. Las amo profundamente y siempre pienso en ellas. Cuando me escapé (de la Alcaidía) de Santa Fe, lo hice para formar una familia con mi mujer y, gracias a Dios, tenemos una hija juntos. ¿Cuándo conociste a tu mujer? Cuando me escapé por última vez, el año pasado. ¿Le dijiste quién sos? Sí, y le dije que estaba condenado a perpetua. Ella me aceptó.
¿Qué sentís por la gente del barrio San Martín? Me siento decepcionado por mucha gente de ahí, porque por las recompensas hacen lo que sea sin saber nada. ¿Tenés enemigos allí? No, ni en el barrio ni en ningún lado. ¿Sos creyente? Creo en Dios y rezo todos los días. Le pido pero también agradezco mucho. ¿Por qué le agradecés? Por muchas cosas, pero fundamentalmente porque protege a mi familia. ¿A qué edad tomaste un arma por primera vez? A los 14. Tiraba tiros al aire y después las usaba para delinquir.
¿Te gustan las armas? Sí, pero más las de cacería. ¿Sabés que si salís a robar con un arma, podés matar a alguien? Soy consciente de eso. Yo he robado con armas de verdad y también con armas de juguete. Pero nunca maté para robar. ¿Matar a un efectivo te da chapa entre los otros delincuentes? Más o menos. Cuando maté a Sánchez, lo hice por bronca. En el 99, cuando estaba en el COSE, me golpeó en varias oportunidades (se señala los dientes, mostrando las marcas).
¿Qué le dirías a la familia de Sánchez? Primero le pido perdón a la sociedad, por todo lo que he hecho, yo ya estoy muerto en vida. A la familia de Sánchez lo único que le diría es que me disculpen y que estén tranquilos, porque él está con Dios. ¿Por qué lo asesinaste? Le quise meter un tiro en la pierna, pero lo maté porque él me golpeó cuando yo estaba en el COSE. Estuve 22 veces en el COSE y no sirve para nada. Uno sale de adentro cada vez peor y peor y peor. Uno ahí aprende todo, a tatuarse, a drogarse y todo lo que después hace afuera y que nunca lo va a aprender en la calle.
¿Cómo se hace para soportar una perpetua por el crimen de un efectivo? Imagínese (muestra sus muñecas con marcas de esposas). Acá en prisión me dicen el Mata Policías (luego se levanta la remera y muestra las marcas de las balas de goma que afirma le pegaron en el módulo donde está alojado). ¿Por qué te acusaron del crimen del policía Gustavo Ramet? Porque había una huella mía en una moto, pero no sé por qué me acusaron. Yo me enteré de que habían matado a un policía dos semanas después, por el diario, y cuando mi nombre estaba en la causa, no me extrañó, porque era más fácil acusar a Cedrón Ortiz que a otro delincuente. Yo no me iba a mandar una cagada así, si lo único que quería y que quiero es estar con mi familia.
¿Pensabas que te iban a condenar? La verdad, sí. Por la opinión pública. Yo nunca maté para robar. A mí me atribuyeron el homicidio de Ramet, pero yo no lo cometí. Yo maté a un policía y lo reconocí delante de los jueces. Ya te has fugado tres veces, ¿lo harías de nuevo? No. Antes no tenía nada, y por eso me escapaba, era más arrebatado. Ahora tengo a mi familia y pienso en ellos. Cuando te escapás, ¿qué sentís? Que volvés a nacer. Pero, ¿sabés que podés volver a caer? O podés morir. Porque acá en la cárcel, estoy muerto en vida. ¿No pensaste en irte del país? Me dejó helado esa pregunta, porque tiene razón. Quizá porque acá está toda mi familia y compartir con ellos una comida rica de mi vieja, como un estofado o la gelatina con frutas, eso no se cambia por nada.
¿La última vez que estuviste prófugo vivías al lado de una comisaría? Sí. Porque ahí nunca te van a buscar. Me sentía seguro. Una vuelta fui al quiosco de enfrente de la comisaría, compré un paquete de cigarros y miré para la seccional y decía: “Ahí están”. ¿Qué te gustaría hacer cuando salgas de la Penitenciaría? Reintegrarme a la sociedad, a quien le pido perdón. Cuando cumplas tu condena y salgas en libertad, ¿volverías a robar? Mentiría si dijera sí o no. No lo sé. ¿Qué sensación te da cuando se cierra la puerta de tu celda? Es muy feo. Muy duro.
