Diego Alejandro Aveiro tiene 30 años y un currículum criminal que parece no tener final. Este jueves por la mañana, la Unidad Investigativa de Capital (UID) ejecutó cinco allanamientos simultáneos que destaparon una operación que pone en entredicho al sistema judicial: el delincuente que obtuvo detención domiciliaria en la Justicia federal por estar “discapacitado al 98%” fue sorprendido violando ese beneficio, acusado de manejar en un auto robado para amedrentar a tiros a un testigo clave de una causa de asesinato perpetrado a fines del año pasado.
La escena que encontraron los pesquisas en la vivienda de Aveiro, en el barrio Olivares de Ciudad, resumió la paradoja: el hombre que supuestamente no puede mover una pierna ni un brazo por tendones cortados, que usa sonda urinaria y arrastra secuelas graves de los balazos que recibió en octubre de 2023, tenía en su casa un vehículo denunciado como robado, un ave siete cuchillos (cuya tenencia está prohibida por ley) y material probatorio para la nueva causa que se instruye, informaron fuentes del caso.
En los domicilios de los otros sospechosos que se movilizaban en ese rodado, los efectivos secuestraron armas blancas, plantas de marihuana y más evidencias que los comprometió.
Pero lo más grave no estaba adentro de la casa, sino en la calle: varios testigos reconocieron a Aveiro manejando el auto y disparando un arma de fuego contra grupos antagónicos. El objetivo, según la instrucción, era intimidar a un testigo que debe declarar en un juicio oral por un homicidio ocurrido a fines del año pasado.
Ese testigo estaba siendo buscado para “bajarlo”, es decir, para convencerlo -por las buenas o por las malas- de que no declare y comprometa a gente del entorno de Aveiro. Además de estos conflictos, también siguen una línea de cruces por el control territorial de la venta de estupefacientes.
La detención domiciliaria le había sido concedida a Aveiro tras su captura del 4 de abril de este año, cuando cayó junto a su madre, su hermana y otro hombre en un operativo antidrogas. En esa ocasión, la Policía contra el Narcotráfico (PCN) desbarató una red familiar de venta de estupefacientes que operaba desde Olivares.
Secuestraron cocaína, marihuana, balanzas, municiones y más de 250 mil pesos en efectivo. La líder de la banda sería “Pity“, la madre de Aveiro, quien incluso habría usado a otro hijo menor, quien estaba detenido en la Dirección de Responsabilidad Juvenil, ex Cose, para distribuir droga dentro de ese centro.
El argumento para que Aveiro cumpliera arresto domiciliario fue su estado de salud. Los informes médicos hablaban de una discapacidad importante -imposibilidad de mover una pierna y un brazo, sonda urinaria permanente- las secuelas de aquella tarde del 23 de octubre de 2023, cuando fue emboscado junto a su pareja en el barrio San Martín y recibió varios disparos en el abdomen, una pierna y un brazo. Salvó su vida de milagro.
Pero hay algo que no cerró en la última instrucción: Aveiro renguea pero su movilidad parece mucho mayor que la que figura en los papeles. Tanto es así que llamó la atención de los detectives que le hayan concedido el beneficio en la Justicia federal de estar preso en su hogar sin pulsera electrónica.
Y no es que no lo intentaran: un informe de mayo del 2025 explicó que la incorporación de Aveiro al Programa de Asistencia de Personas Bajo Vigilancia Electrónica “no resulta viable”, porque al momento de la solicitud no se encontraba detenido en una unidad penitenciaria, requisito indispensable según la normativa vigente. Sin tobillera, sin control, Aveiro aprovechó. Y volvió a la calle.
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El caso de Diego Alejandro Aveiro fue revelado por El Sol luego de su captura por drogas. El prontuario arranca en 2014 con tenencia de armas, amenazas y encubrimientos. En julio de 2021 protagonizó una fuga de la Comisaría 33 de Ciudad. Fue recapturado en diciembre de ese año, después de un intento de huida por los techos de viviendas en Olivares, el mismo barrio donde tiene su base de operaciones.
El ataque que casi le cuesta la vida en 2023 dejó un tendal de contradicciones. Por el hecho quedaron imputados dos menores y se dictó orden de captura contra Facundo Huaihuas, señalado como el autor del tiroteo. Sin embargo, durante el inicio del juicio oral, hace un par de meses, tanto Aveiro como su pareja afirmaron no recordar quién había disparado contra ellos. El debate terminó con Huaihuas absuelto: las contradicciones de los testigos y de las propias víctimas lo colocaron en una posición favorable.
De todas formas, Huaihuas volvió a caer en las redes policiales como sospechoso de integrar la banda de motochorros conocida como Los Boom, que perpetró 21 hechos en dos meses, tal como informó este diario.
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Aveiro sostuvo que ese día que lo balearon, que había ido a un taller mecánico con un amigo apodado “Bueníchimo“, y que allí presenciaron una pelea. Al regresar en moto con su novia, fueron interceptados y baleados. Un video grabado desde un colectivo que pasaba por la zona quedó como evidencia de los momentos posteriores al ataque, pero no alcanzó para esclarecer quiénes fueron los autores.
La investigación por aquel intento de homicidio puso la lupa sobre una guerra entre bandas por el control territorial de la droga en los barrios de Ciudad. Esa misma disputa es la que explica, para los investigadores que hablaron con este diario, el currículum delictivo de Aveiro: un soldado del narcomenudeo que sobrevivió a una emboscada y que, lejos de retirarse, volvió a la actividad, apenas pudo moverse.
A raíz de la nueva detención, con el beneficio pronto a ser revocado, Aveiro enfrenta un panorama judicial cada vez más complicado. Está sospechado por comercio de drogas en la causa federal que investiga a su familia y ahora se suma la nueva acusación por intimidación a testigos y abuso de armas.
