Un joven fue abatido por su cuñado la noche del lunes en medio de una discusión que pudo haber terminado con más víctimas, en Las Heras. Horas antes del hecho fatal, la pareja del fallecido lo había denunciado por violencia de género, por lo que la Justicia emitió una prohibición de acercamiento al hogar.

Cuando se enteró, el hombre se dirigió enfurecido a la casa de su suegra, al parecer, en busca de venganza, pero esa decisión terminó costándole la vida. 

La causa quedó en manos de la fiscal Penal de Menores Liliana Curri, porque el sospechoso tiene 17 años, y no hay detenidos. Tampoco apareció el arma de fuego homicida, por lo que la magistrada analizaba las declaraciones y otras pruebas para encaminar la pesquisa.

La versión de la pareja 

Belén (21) era la mujer de Marcos Layón Ríos (24), la víctima fatal, y tenían un hijo en común. En diálogo con El Sol contó su versión de los hechos y explicó cómo la historia de ambos terminó con una muerte. 

La pareja se conoció hace 8 años, cuando ella tenía 14 y él, 17. Desde el principio, el chico demostraba ser problemático y tuvo su paso por el ex COSE. “Era agresivo y malo con todos”, confesó la joven. 

Hace dos meses, Ríos salió de la cárcel después de cumplir una pena de 4 años por amenazas agravadas por arma de fuego y dos robos agravados en poblado y en banda.

Cuando quedó en libertad, el Layón volvió más violento que nunca, relató Belén y agregó: “Me decía que yo lo había engañado y me pegaba con un palo”. 

Las lesiones que mostró la pareja del joven asesinado, que serían de una golpiza. 

La chica también contó cómo lidiaba con esas situaciones mientras su hijo observaba todo. “Yo le decía que se quedara tranquilo, que papá me iba a pegar”. Además, en ese momento, optó por no denunciarlo porque la había amenazado con matar a toda su familia, a ella y después suicidarse.

“Él me decía que desafiaba a la muerte, hablaba de Satanás y que consumía drogas porque era lo único que lo mantenía vivo”, aseguró. Sin embargo, el límite de tolerancia de Belén se vio sobrepasado el sábado. “Ese día llegó, agarró un palo de escoba y me empezó a golpear. Me tiró y me pisaba la cabeza. Después me tiró un frasco de crema que me explotó en la cara, quedé todo llena de sangre y crema”, narró la chica.

Al día siguiente decidió marcharse de la casa que compartían y para que Marcos la dejara irse tuvo que darle cerca de 2.000 pesos, que le exigía. 

 

Una vez en la vivienda de su abuela, Belén logró tener algunas horas de tranquilidad en su vida. Pero, el martes en la tarde recibió una llamada del Layón. “Me dijo que había vendido mis pertenencias, se burlaba y me decía: ‘Andá a hacer la denuncia, amiga de la yuta’”.

Rápidamente fue a la casa y notó que faltaban cosas. Cuando entró a la pieza encontró drogas y también “sangre, semen y ropa interior de mujer arriba de la cama”, dijo.

Después de ver esa escena se dirigió a la Comisaría 16ª, que está a pocas cuadras. Como tardaban en atenderla, fue a vigilar que todo estuviese en su lugar en su domicilio, ya que había sacado las pertenencias que quedaban para llevárselas.

En el camino se topó con el agresor, que comenzó a darle puntazos que le provocaron varios cortes en las manos. Herida, fue nuevamente hasta la seccional y, con ayuda de personas que también esperaban ser atendidas, fue asistida y le tomaron declaración. 

Desde la Oficina Fiscal Nº5 emitieron una prohibición de acercamiento para el Layón Ríos. Cuando fue notificado, su ira estalló y fue a la casa de su suegra en busca de la denunciante. Enceguecido –sostiene el relato de la testigo– llegó y empezó a golpear con violencia la entrada al domicilio e intentó romper las rejas de la ventana. Para ingresar, le dio una patada a la puerta, que golpeó al hermano menor de Belén, de seis meses. 

Entró a los gritos y enfrentó a su suegra. “¿Dónde está, dónde está? La voy a matar y voy a ir en cana con razón”, habría dicho el Layón.

En ese momento, salió su cuñado, de 17 años y le pidió que se retirara por lo que comenzaron a forcejear. En medio de la gresca, a Ríos se le cayó un arma de fuego que portaba. Sin pensarlo, el menor la recogió y gatilló, dándole al agresor en el pecho, según contó Belén. 

Belén señala el lugar donde su pareja fue asesinada. 

Minutos después, una ambulancia se llevó al herido aún con vida, pero murió luego de llegar al Hospital Lagomaggiore, cerca de las 21. 

La familia del matador sostiene que disparó para defenderlos. Sin embargo, los investigadores ponen en duda la versión ya que el chico no se entregó y tampoco aparece el arma homicida.