En el mundo delictivo mendocino existen un montón de historias vinculadas a la comercialización de estupefacientes.
Las bandas criminales tienen en claro el rol de cada uno de los integrantes y muchas veces lo ejecutan a la perfección. A pesar de esto, los detectives buscan sus puntos más débiles para quebrarlas.
Ver también: Condenaron a la banda narcopolicial que operó durante meses en el Gran Mendoza
A principios de febrero, la Justicia federal condenó a los miembros de una organización narcopolicial que operó en el Gran Mendoza durante meses.
En ella existían los hombres con mayor poder, los que secundaban para llevar y traer las dosis y los que tenían contacto con policías y vendedores.
Entre los responsables de la distribución y comercialización había mujeres. También un miembro de la fuerza, Leonardo Chino López, quien, además de ponerse al servicio de la venta, pasaba información a los capos de las gavillas para mantenerlos informados de allanamientos o seguimientos cerca de los puntos de venta.
Justamente, entre los siete hallados culpables –todos reconocieron los hechos en un juicio abreviado pactado entre las defensas y la fiscal María Gloria André–, se encontraban un chileno de 66 años y sus tres hijos: Oscar Pérez y Anahí, Nadia y Cristian Pérez Cisterna.
Llamativamente, después de que se ventilara el fallo en el Tribunal Oral Federal Nº1, con la presidencia del juez Waldo Piña, trascendió que Anahí Pérez Cisterna recibió la pena más alta entre todos los personajes vinculados al narcomenudeo. Fueron seis años de prisión.
De acuerdo con información judicial, el citado policía y José Luis Boliviano Llanos eran los que más contacto tenían entre sí para cerrar la venta de cocaína y marihuana. Eran amigos en Facebook y los investigadores confirmaron que cruzaron a Chile juntos en mayo del 2017.
Pero Anahí Pérez Cisterna terminó recibiendo la pena más alta porque fue sorprendida comercializando drogas en pequeñas cantidades a un menor de edad.
Esa fue una de las pruebas más importantes para mantener en situación de encierro a la mujer de 36 años.
Fuentes policiales y judiciales que participaron en la instrucción contaron que esta ama de casa nacida el 11 de enero de 1986 y con domicilio en el barrio San Vicente, de Los Corralitos, Guaymallén, mantenía contactos telefónicos con un hombre que se dedicaba a la venta de drogas y que también hablaba por celular con el Chino López.
Este sujeto, citado como nexo, recibía la droga de parte de Anahí Pérez Cisterna. “Era su proveedora”, señala la investigación.
Mientras se desarrollaba la investigación en la Policía contra el Narcotráfico (PCN), los detectives recibieron una información al Fonodroga que sirvió para aclarar el panorama de la organización: “En el departamento de Guaymallén habría una mujer de nombre Anahí, la cual estaría encargada de la venta de estupefacientes y para dicho comercio ilegal utilizaría el número de teléfono 2612…”.
Asimismo, aportaron el apodo del hombre que le suministraba la droga a la mujer: el Guata.
Este no sólo lo hacía con Pérez Cisterna, en el llamado aseguraron que “abastecía en grande cantidades por toda la provincia de Mendoza”.

Durante la investigación, los policías de la PCN confirmaron que Anahí comercializaba cocaína y marihuana en pequeñas cantidades y que lo hacía con su padre, Oscar, y sus hermanos Nadia y Cristian en sus domicilios de los barrios Santa María y San Vicente VI, de Los Corralitos.
Anahí Pérez Cisterna fue detectada comercializando drogas junto con su padre el 2 de julio del 2019. A las 11.35, personal policial que vigilaba su vivienda observó a una mujer efectuar, a través de una ventana, un doble pase de manos típico del narcomenudeo a una persona que había arribado en una moto.
Unas horas antes de que la PCN realizara los allanamientos masivos en Guaymallén, Capital y Las Heras para desarticular a todos los sospechosos vinculados directa e indirectamente con la venta de drogas en pequeñas cantidades, se observó la llegada de una moto 110cc con dos personas.
El acompañante fue atendido por Anahí Pérez y también hubo pases de mano. Los policías siguieron a los motociclistas y les dieron alcance cerca de la barriada.
Al requisar a quien había comprado la droga, le encontraron un cigarrillo y un envoltorio de marihuana. Además, confirmaron que se trataba de un menor de edad, lo que terminó complicando a la vendedora del estupefaciente cuando se profundizó la instrucción.
Así las cosas, hubo siete detenidos a fines de agosto del 2019. Llanos y el policía López; Oscar Pérez y sus tres hijos y un séptimo sujeto llamado Héctor Alejandro Berrios, conocido como Chucky, quien recibió la pena más leve, un año y medio de cárcel.
Los pasos
La investigación para desbaratar la banda narcopolicial nació luego de una serie de causas que trabajaron policías de la División Robos y Hurtos de Investigaciones.
Seguían a un narco llamado César Cafiso Montivero (luego terminó preso) y también a Nelson Chirola Pizarro, uno de los hombres que cayó con el secuestro más grande de cocaína de la historia mendocina.
Ver también: Cómo nació la investigación para desbaratar la banda “narcopolicial”
Con el avance de esas causas, detectaron una “tercera pata” narco por los entrecruzamientos de llamados y llegaron hasta la dupla Llanos-López y los hermanos Pérez Cisterna.
Gracias a los trabajos investigativos, secuestraron cocaína, marihuana, armas, vehículos y elementos de corte y fraccionamiento.
Después de poco más de dos años, todos los procesados terminaron reconociendo los hechos que les endilgaban.
