Sara del Carmen Giménez estuvo 40 años casada con Juan Manuel Viudez. Producto de esa unión con este hombre de 62 años, de profesión mecánico, nacieron cuatro mujeres y un varón, el más chico. Un accidente vial sobre el Acceso Este quebró emocionalmente a gran parte de la familia, el 11 de febrero a las 3. La mujer recibió esa jornada un llamado que la devastó: su compañero de gran parte de su vida y su hija mayor, María Laura (39), quienes venían desde Santa Rosa en un Peugeot 405 con la pareja de ella, habían sido víctimas de un conductor que circulaba a contramano en el cruce con la ruta 50 en Guaymallén. Al volante de ese otro vehículo y con alcohol en sangre iba Adrián Ocampo, de 37 años. Este caso es uno de los más conmocionantes de los últimos tiempos porque existe un debate legal por la calificación que corresponde para las personas que conducen ebrias.

Juan Manuel y su hija murieron a los pocos minutos. El hombre alcanzó a hablar por teléfono con su esposa antes de fallecer en una ambulancia, camino al hospital. “Te amo”, le confesó. Desde ese día, todo cambió para la familia Viudez. La felicidad comenzó a ser parte de los recuerdos y al mismo tiempo se tornó oscura la lucha en los juzgados porque el conductor que generó la tragedia presenta hoy una calificación que le permitiría, en un futuro no muy lejano, no ir a prisión.

La fiscal de la causa, Claudia Ríos, ordenó la detención del acusado y elevó dos veces la causa a juicio con la calificación de homicidio simple con dolo eventual (prevé de 8 a 25 años de cárcel), pero tanto la jueza de Garantías Alejandra Mauricio como el tribunal de la Cámara de Apelaciones coincidieron en que se trata de un homicidio culposo (tipifica de dos a 5 años de prisión). 

Preocupada por los recientes fallos que han beneficiado al acusado, Sara del Carmen decidió hablar con El Sol para sacar a la familia de una pena que no puede quitarse, que “el imputado llegue a debate con una calificación más pesada y que se haga justicia”, tal como explicó.

Junto con su hija Roxana (31), su yerno Héctor Donoso –también fue víctima del siniestro­– y el abogado que los representa, Estacio Cremaschi, la mujer de 59 años fue muy clara: “No he leído las resoluciones, el dolor es muy grande para mí, es una impotencia grandísima, si bien entiendo lo técnico, son dos seres perdidos, a mí me han matado a mi hija y a mi marido. No puedo entender como madre que esto es un accidente, porque no lo es, es una persona que iba a contramano, borracha y choca, no es un accidente”.

En cada frase que expresa Sara se nota que hay dolor difícil de quitar. Admitió que le cuesta levantarse cada día y que hasta no podía expresar el nombre de su hija María Laura. Pero hace poco tiempo dijo basta y se propuso salir adelante. “Por mi familia”, como repite en la mayoría de sus oraciones. “Yo necesito que este caso siente un precedente. Todavía creo en la Justicia, lo voy a hacer hasta último momento. Tengo seguridad de que se puede revertir. Necesito creer para que nosotros podamos seguir viviendo, para rearmarnos como una familia, como seres humanos. Mis hijos tienen que salir a la calle, tienen que manejar y tienen miedo. Necesito que la Justicia me acompañe para salvar a mi familia, la mente de ella”, expresó. Y?agregó: “Si en este caso no va a haber justicia, que me vengan a explicar después cómo sigo”.

Roxana, su hija de 31, quien apoyó a su madre en cada expresión, también aportó su visión sobre los conductores que manejan alcoholizados: “Es muy fácil salir al volante, tomar una petaquita, y matar, eso es lo que entiende la gente si no se cambia la ley, la calificación”. Y?pidió al finalizar: “A mi papá y a mi hermana no me los van a devolver. Yo me siento desgarrada internamente con 31 años, voy a ser feliz seguramente, tendré hijos y voy a ser feliz, pero me mataron internamente. No pasa un solo día en que no vaya con mi marido en el auto y recuerde una calle que pasé con él o una acompañada al centro con mi hermana, esta causa tiene que salir bien, tiene que haber justicia”.

La investigación del caso sostiene que Ocampo había tomado alcohol y manejó su Renault 19 junto a dos hermanos. El objetivo era ir al barrio 25 de Mayo. Ingresaron a una estación de servicio y un bombista les indicó el camino que debían realizar. Pero el conductor, agrega la pesquisa, hizo un giro en U y se introdujo al Acceso Este en dirección contraria, por la vía que viene al centro, es decir,
comenzó a transitar de oeste a este y un testigo dijo que quiso cambiar hacia el otro carril por la división de tierra que los separa.

Realizó un trayecto de 450 metros hasta que chocó contra el auto en el que venían Juan Manuel, su hija y la pareja de ella,?Héctor
Donoso, quien logró salvar su vida. Algunos conductores que lo esquivaron hicieron repetidos cambios de luces pero Ocampo continuó
con la alocada carrera. Para la fiscal y la querella, estas son pruebas suficientes para que la causa sea elevada a juicio con la calificación de homicidio doloso. Sin embargo, para la jueza de Garantías conducir ebrio es una infracción de tránsito y no una agravante. La Cámara de Apelaciones entendió lo mismo en una primera oportunidad.

Ahora, este tribunal deberá fallar próximamente otra vez con las pruebas que la fiscal y la querella incorporaron para comprobar que el acusado pudo haber evitado el accidente pero igual continuó con la acción.