Aldana Ojeda de Lucca accedió a la domiciliaria en abril.

Aldana Gisel Ojeda de Lucca tiene 28 años y una condena pesada sobre la espalda: 12 años de prisión por liderar una banda de asaltantes violentos que actuó durante meses en el Gran Mendoza, principalmente en el 2021. Con prisión domiciliaria desde abril, vive con sus dos hijas menores y con el padre de las niñas -sin relación de pareja- y cuenta su historia en TikTok, principalmente el noviazgo y casamiento con una chica a la que aseguró haber ayudado a superar sus problemas en el penal. No lo hace para negar el pasado, sino para explicarlo y mostrarse distinta. “Para intentar seguir y superarme”, señaló.

Tiene casi 8.500 seguidores en esa red social y sus videos miles de likes. Uno de ellos casi llega al millón de visualizaciones. La mayoría de los mensajes que recibe son de apoyo. El caso se viralizó y por eso accedió a una charla con El Sol.

“No estaba preparada para entrar a la cárcel. Tampoco a la exposición”, aseguró en sus primeras palabras. El caso fue mediático desde el inicio: una mujer al frente de una organización criminal, encargada de planificar golpes, coordinar logística y elegir a las víctimas.

Era, principalmente, la autora intelectual de los ataques. “Me hice cargo de hechos que no cometí”, aseguró, sin esquivar la condena, pero marcando su propia lectura de aquel proceso judicial que fue liderado por el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello.

Estuvo tres años y ocho meses detenida en la penitenciaría de mujeres de Luján, en el complejo Almafuerte. El ingreso fue abrupto y violento. “Me di cuenta adentro del penal que yo no era una persona mala. Estaba perdida”. Relató que sufrió golpes, robos, amenazas y una paliza con sillas por parte de otras internas. Le quitaban la ropa y la hostigaban. En ese contexto, se apoyó en una referente de un módulo que la protegió y le dio, según sus palabras, un “papel de importancia” dentro del encierro.

En prisión también atravesó vínculos intensos. Conoció a una joven mujer, se enamoró y se casó. “Me casé por amor, la quise muchísimo”. La relación se rompió con el tiempo una vez que recibió el beneficio que le permitió salir del penal y esa historia -el amor, la ruptura, el dolor- es, en estos días, uno de los ejes de los relatos que publica en TikTok, donde habla del encierro, de la pérdida y de la reconstrucción personal.

La muerte de una amiga detenida en la misma causa, que se quitó la vida cuando estaba próxima a recuperar la libertad, fue otro de los golpes que marcó su paso por la cárcel. Desde entonces, dijo, comenzó a mirarse distinto. A pensar en salir adelante.

En abril, el juez Sebastián Sarmiento, quien justamente fue suspendido la semana pasada por el Jury de Enjuiciamiento, le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria. “El juez era en lo personal, para mí, la única esperanza. Me escuchó”. Desde ese momento vive con sus dos hijas menores y con el padre de las niñas, aunque aclaró que no mantiene una relación de pareja con él.

De Lucca estudia la Licenciatura en Comunicación Social en la UNCuyo -cursa segundo año y no descartó ser periodista en algún momento-, hace pastelería y asiste a terapia. Habló del vínculo con su madre, al que define como central, y del quiebre definitivo con su padre. Aseguró que este hombre la abusó de pequeña y que jamás radicó la denuncia. “Mi mamá juega un papel importante en mi vida”.

La exposición en redes sociales desde la casa donde pasa sus días, sostuvo, forma parte de su proceso de recuperación. “No busco victimizarme, esa superación siempre fue mía. Hablar me ayuda”.

El caso judicial y el modus operandi de la banda

La organización que integraba Ojeda de Lucca actuó durante meses en el Gran Mendoza y se caracterizó por su alto nivel de violencia. Sus integrantes no dudaban en exhibir armas de fuego para generar terror e incluso disparar si encontraban resistencia.

Según la investigación, la banda se especializaba en robos armados durante encuentros de compra-venta de divisas pactados a través de redes sociales, principalmente Facebook, y en engaños dirigidos a personas con problemas financieros para ganarse su confianza.

Ojeda de Lucca fue señalada como la encargada de organizar los golpes y coordinar la logística junto a su pareja de esos días (no es el padre de sus hijas). A comienzos de junio del 2021 empezaron a caer los primeros sospechosos y, con el avance de la causa, ocho personas quedaron comprometidas en distintos expedientes.

Entre los hechos más graves figura el asalto a la vivienda de un policía retirado en Dorrego, Guaymallén, que terminó con la víctima y su padre heridos de bala. De acuerdo con la causa, Aldana se presentó previamente en la casa con un nombre falso, simulando integrar un grupo inmobiliario, para obtener información y facilitar el golpe.

Sin embargo, aclaró que el atraco se produjo días después y que ella había pedido de los integrantes de la banda que no lo perpetraran. En el juicio abreviado, lo reconoció. En los videos que subió en Tiktok explicó cómo fue ese proceso.

Otro episodio relevante fue el robo armado a un local de venta de indumentaria en pleno centro mendocino. Cinco personas, entre ellas dos mujeres, irrumpieron en el comercio, redujeron al propietario y se llevaron una importante suma de dinero en pesos y dólares. La fuga terminó tras una persecución policial y un choque, que permitió la detención de parte de la gavilla y el secuestro de un arma de fuego.

Ojeda de Lucca reconoció en un juicio abreviado inicial los hechos acumulados por el fiscal Pirrello. El acuerdo fue homologado por la jueza Eleonora Arenas, del Juzgado Penal Colegiado Nº1, que la condenó a 12 años de prisión en febrero del 2022. Otros integrantes del grupo delictivo recibieron penas menores.