La causa por el crimen de Carlos Jonathan Gelman sumó un nuevo capítulo la mañana de este miércoles y terminó con Kevin Jonathan Araya, de 28 años, en el penal. El hombre que había sido señalado desde el comienzo de la investigación como el presunto agresor fue imputado por un delito mucho más grave después de la muerte de la víctima.
La acusación quedó fijada como homicidio simple en concurso real con tentativa de homicidio agravado. De esta manera, la fiscalía sostiene que la secuencia ocurrida durante la madrugada del jueves en el barrio Pablo VI (así se conoce el complejo, aunque el nombre real es Paulo VI) no se limitó a la agresión que inicialmente había sido informada.
Según la reconstrucción que maneja ahora el expediente, Araya habría disparado primero un arma de fuego y posteriormente golpeado a Gelman, provocándole diversas lesiones, entre ellas, una fractura de cráneo. La pesquisa todavía intenta determinar con precisión cómo comenzó el enfrentamiento y cuál fue el motivo que desencadenó la violencia.
El móvil del ataque todavía no está cerrado del todo. Es uno de los puntos sobre los que trabaja la fiscal de Homicidios Andrea Lazo para completar la reconstrucción de lo ocurrido.
La muerte de Gelman había cambiado por completo el rumbo de la causa. El hombre, de 34 años, fue encontrado gravemente herido en un pasillo interno del barrio, entre los monoblocks 1 y 4 del sector 2, a unos 20 metros de calle Cabo Vírgenes.
Durante los primeros minutos, los policías que llegaron al lugar recibieron una versión que hablaba de un supuesto tiroteo y de un hombre baleado. Gelman tenía una lesión detrás de la oreja derecha y fue trasladado de urgencia al Hospital Central.
Sin embargo, los médicos determinaron inicialmente que presentaba una importante lesión en el cuero cabelludo. En las primeras actuaciones también apareció un elemento que generó una de las principales líneas de investigación: una cortaplumas tipo navaja, de unos 30 centímetros, encontrada en las inmediaciones. Sin embargo, los investigadores, con efectivos de la División Homicidios, también intentaban determinar si tenían relación con el hecho de sangre fatal.
Gelman ingresó al Hospital Central, permaneció intubado y en estado crítico tres días. La evolución fue desfavorable y murió el domingo. Con el deceso, el expediente dejó de estar centrado únicamente en una agresión y pasó a investigarse como un asesinato.
El caso del hombre asesinado en el barrio Pablo VI y el sospechoso que se entregó
Carlos Jonathan Gelman salió con vida del barrio Pablo VI durante la madrugada del jueves, pero con una herida que inicialmente los policías que llegaron al lugar confundieron con un disparo. Tenía una lesión detrás de la oreja derecha y, en…
Araya se entregó y habló de defensa
Desde las primeras horas, el nombre de Araya comenzó a aparecer en la instrucción. Testigos y personas que realizaron llamados durante el episodio lo señalaron como el presunto agresor.
El lunes, el sujeto se presentó por sus propios medios en el edificio del Ministerio Público Fiscal, en el Polo Judicial. Llegó sin abogado y dio su versión de lo ocurrido. Prácticamente confesó.
Sostuvo que se había sentido acorralado y que había actuado para defenderse de las agresiones de Gelman. Esa explicación no convenció a la investigadora.
La hipótesis que sostiene la acusación es que Araya primero habría utilizado un arma de fuego y luego atacado físicamente a Gelman hasta provocarle una lesión craneal que terminó siendo mortal.
Ante esto, deberá establecerse, entre otros puntos, qué arma fue utilizada, quién efectuó el disparo, cómo continuó el enfrentamiento y qué relación tuvo cada uno de los elementos encontrados en la escena con la agresión.
Pero hay otro dato que ahora adquiere especial relevancia: Araya no es un desconocido para el sistema penal mendocino.
El pasado delictivo
Araya tiene 28 años y registra seis causas penales que terminaron en condenas desde el 2016. Su historial incluye robos, resistencia a la autoridad, evasión en grado de tentativa, daño agravado, amenazas y violación de domicilio.
Su primera condena llegó en el 2016, cuando recibió ocho meses de prisión condicional por robo simple. El beneficio, sin embargo, no se mantuvo durante mucho tiempo.
En el 2018 volvió a quedar involucrado en un delito. Fue condenado por resistencia a la autoridad en el marco de un espectáculo deportivo y evasión en grado de tentativa. Recibió dos meses de prisión efectiva y, como consecuencia de esa nueva condena, se revocó la condicional anterior.
Ambas penas fueron unificadas y terminó cumpliendo ocho meses efectivos de prisión, hasta febrero del 2019.
La siguiente detención se produjo en el 2020, durante la pandemia. En ese momento fue condenado a seis meses de prisión efectiva por una infracción al artículo 205 del Código Penal, vinculada con las restricciones establecidas durante la emergencia sanitaria.
El 5 de junio de ese año, pocos días después de la sentencia, pasó a cumplir la pena bajo prisión domiciliaria. Permaneció en esa condición hasta el 30 de septiembre de ese año, cuando recuperó la libertad. Pero antes de terminar, volvió a quedar detenido.
En noviembre recibió una nueva condena, esta vez a cinco meses de prisión efectiva por daño agravado. Recuperó la libertad el 22 de abril del año posterior.
El siguiente capítulo llegó en el 2022. En agosto ingresó nuevamente detenido por robo simple. En septiembre fue condenado a seis meses de prisión efectiva, nuevamente en condición de reincidente. Cumplió esa pena el 17 de febrero del 2023.
Su última condena registrada fue en el 2023. En mayo de ese año fue capturado por un hecho que inicialmente había sido investigado como amenazas agravadas por el uso de un arma blanca, violación de domicilio y resistencia a la autoridad.
La calificación terminó siendo modificada y la condena fue por amenazas simples, violación de domicilio y resistencia a la autoridad, en concurso real. Recibió nueve meses de prisión efectiva y recuperó la libertad el 7 de febrero del 2024.
