Juan Harry Gallete Allende y una nueva condena.

Juan Harry Gaete Allende nació en Santiago de Chile el 7 de agosto de 1966. Cuando le preguntaban a qué se dedicaba, no dudaba en responder que era comerciante. El Chileno Pepsi o Pepsicola se instaló en Mendoza hace muchos años. Durante su juventud se movió por Las Heras. Desde El Algarrobal hasta el barrio Ujemvi, en El Zapallar. Nada de lo que hacía este hombre era legal: su patrimonio creció gracias a sus contactos y el tráfico de estupefacientes en grandes cantidades. Su estatus avanzó en el mundo narco y tenía un poder de alcance extremo. Tanto es así que se transformó en uno de los traficantes más importantes de la provincia.

El pasado lunes 12, el Tribunal Oral Federal Nº1 de Mendoza, con la firma de los jueces María Paula Marisi, Alberto Daniel Carelli y Alejandro Waldo Piña, condenó a Gaete Allende a 9 años de cárcel por transporte de estupefacientes agravado por la participación de tres o más personas organizadas para cometerlo, en uno de los secuestros de drogas más importantes de los últimos años, tal como reveló este diario.

Efectivos de la Policía contra el Narcotráfico lo siguieron durante meses y lo sorprendieron cuando recibía un cargamento de 27 kilos de cocaína el 5 de julio del 2020 en Guaymallén. La droga tenía sellos de carteles peruanos.

Para tomar dimensión de lo importante del procedimiento, se tuvo en cuenta que Gaete Allende acordaba con el proveedor de la sustancia un millón de pesos por kilo de polvo blanco.

Poco se conocía de la investigación que realizó la PCN para atrapar al Chileno Pepsi. El Sol accedió a los detalles de la investigación y la causa judicial que permitieron su captura. Escuchas telefónicas fueron clave para conocer cómo se movía en el mundo delictivo narco y pactaba la llegada del cargamento.

Policías con años de experiencia en trabajos de narcocriminalidad, conocían en detalle quién era Gaete Allende. Hubo un allanamiento el 6 de setiembre del 2012 que permitió el secuestro de 20 kilos de marihuana y el 29 de octubre del 2013 lo atraparon policías de la Dirección de Inteligencia Criminal (DIC) en Guaymallén. Fue a juicio por ese cargamento y lo condenaron a cuatro años y cuatro meses de cárcel. Un cómplice que se movía con él, Andrés Conejo Herrera, recibió esa misma pena.

Por eso, cuando este mes lo sentenciaron a 9 años de encierro, los camaristas le declararon la reincidencia. Una vez que salió de la cárcel, los policías de la PCN volvieron a investigarlo. Hubo un llamado al Fonodrogas en el que se indicaba: “El Gaete, alias el Pepsi, se encuentra coordinando el transporte y distribución de drogas en Las Heras”. El informante aportó que realizaba los movimientos en un lavadero ubicado sobre calle San Martín, frente al Cementerio de Capital, y que utilizaba un número de celular que terminaba en 324.

Desde ese momento, comenzaron a realizar los seguimientos para intentar determinar en qué actos delictivos se encontraba involucrado. Confirmaron que tenía domicilio en la manzana 18 del barrio Ujemvi y que utilizaba una Ford EcoSport para trasladarse a la casa 23 de la manzana A del barrio Solares de Urquiza de Guaymallén. Con el paso de los días, constaron que esa vivienda también era de su propiedad.

La pesquisa se potenció cuando la misma PCN recibió una nueva denuncia contra el Chileno Pepsi. Estaba vez apuntaban a que mantenía relaciones directas con algunos personajes vinculados con la banda de Sandra Jaquelina Vargas, la jefa narco del oeste Godoy Cruz conocida como la Yaqui y condenada a 15 años por comercio de droga, lavado de dinero y asociación ilícita.

Si bien los efectivos de la PCN no pudieron confirmar que Gaete Allende le vendía drogas al entorno de la Yaqui, obtuvieron como dato que realizaba transacciones de 15 kilos de drogas por semana con la organización godoicruceña.

“El que maneja la droga es su yerno, el Porteño. Patricio Garrido, yerno de la Yaqui, se maneja con el abonado (aportó número telefónico) para negociar con el Chileno y que su socio es el hermano de la Yaqui, el Carlos que le dicen Guatón, usa el número (aportó otro número de celular)”, señaló el informante a los policías.

Garrido, pareja de la hija más grande la Yaqui, es mencionado en diversas investigaciones policiales como uno de los integrantes de la banda. Este joven se encuentra en la cárcel desde el año pasado. Su situación es compleja por hechos de sangre: está acusado de participar del asesinato de Lucas Torres y también por balear a Miguel Ángel Valdivia, un ex cuñado de la jefa narco que murió el 12 enero del año pasado. Nunca pudo recuperarse de los daños que provocaron los plomos al ingresar en su cuerpo.

Más allá de esta línea investigativa, la PCN inició escuchas telefónicas que permitieron revelar cómo el Pepsicola organizaba el transporte de estupefacientes desde el norte del país hasta Mendoza. Los detectives supieron que hablaba con su proveedor y que planeaban transportar 10 kilos de marihuana. Finalmente, el envío no se concretó porque el hombre que la iba a traer protagonizó un accidente. Sin embargo, las negociaciones por un cargamento más grande no se frenaron y comenzaron a negociar por cocaína.

-Proveedor: Che, ¿todo bien por allá?
-Gaete: Pero más que bien.
-P: Che, mañana te tengo visitas a vos.
-G: Dame el número del Gordito.
-P: Sí, sí, sí, el, muchacho no está muy lejos.
-G: ¿Me mandaste lo que te pedí?
-P: Veinticinco.
-G: ¿De los chiquitos?
-P: Sí.
-G: ¿Qué más, nada más?
-P: Veinticinco tengo, ahí te mandé, pero fíjate si lo podes prepara en verdes, porque es mucho bulto.
-G: Bueno, pero me tenés que dar tiempo, voy a tener que ir a cambiar. ¿Eso nomás traes?
-P: Sí, lo que pasa es que voy agarrando confianza con el muchacho y después va a haber más.
-G: Pero ¿de lo otro no?
-P: No, de lo otro no; qué te iba a decir… Fijate si le podés pasar lo más rápido posible.
-G: “Pero, boludo, me enganchás justo el fin de semana. Ya me fijo.
-P: Para mañana está.
-G: Pero ¿querés que te mande todo?
-P: Ahí él te va a comentar por qué me atrasé.
-G: No, si ya sé por qué te atrasaste, no te hagas problema. No puede ser tan pelotudo tu hermano. Escúchame una cosa, ¿te tengo que mandar todo o te mando una parte?
-P: No, todo.
-G: Bueno, me tenés que dar un tiempito, boludo, lo que me vaya a demorar el cambio, culiado.
-P: Y, bueno, mandá lo que tengas en cambio y el resto en nacional.
-G: Ajá. Bueno, ahora me pongo a sacar la cuenta.

Gracias a estas y otras escuchas, los investigadores supieron que el 4 de julio se iba a producir la recepción de un cargamento de cocaína en Mendoza. Y que la sustancia venía desde la provincia de Misiones en un camión.

Durante el juicio declararon varios policías que trabajaron en la causa. Explicaron cómo fue la metodología investigativa y lo que se desprendía de las escuchas. Justamente, entendieron que, en realidad, no eran 25 kilos de cocaína, como se detectó en los diálogos, sino 27, y que hablaban de que el costo por ladrillo era de “un palo” –un millón de pesos–, un precio más elevado de lo habitual, por la pandemia por coronavirus.

Las escuchas en tiempo real sirvieron para cortar el momento justo de la investigación. Sabían que Gaete se comunicaba con el proveedor de la droga para coordinar la llegada del camión y hasta ubicaron el día y el lugar de la entrega. A las 13.30 del 4 de julio, los policías que vigilaban el domicilio guaymallino del Chileno, informaron que lo vieron salir al mando de una Toyota Hilux blanca y comenzaron a seguirlo sin perderlo de vista.

Cinco minutos después, el proveedor, quien se encontraba en Misiones, volvió a llamar al Chileno Pepsi para terminar de cerrar la transacción. Un camionero con una mujer que lo acompañaba era el encargado de traer la droga.

-Proveedor: El muchacho está ahí, ¿le digo que vaya para la casita?
-Gaete: Decile que no, que se vaya para el teléfono rojo, que me espere ahí.
-P: ¿A qué hora…?
-G: Ya.
-P: Ya, que se vaya para el teléfono rojo. Bueno, listo, ah, ahí le digo.
-G: Sí, para el teléfono rojo, que me espere ahí.
-P: Listo, dale, dale, chau, chau.

A esa altura de la pesquisa, el seguimiento se hizo más intenso. Los efectivos detectaron que Gaete se dirigió por calle Jenner al norte, giró al oeste por Cochabamba y luego hacia el norte por Talcahuano para terminar en el Acceso Este. Descendió luego por la lateral del Acceso que desemboca en Arístides Villanueva de Guaymallén y detuvo la marcha en el costado este, frente norte, junto a un teléfono público rojo.

Finalmente, luego de esperar un rato e insistir con su proveedor para encontrarse con el camionero, identificado como Walter Alejandro Martínez, un misionero de 35 años con domicilio en Posadas. A las 14.10, finalmente, se hizo presente un pesado rodado marca Volkswagen blanco.

Martínez estacionó detrás de la Hilux. Mientras esto sucedía, los policías tomaban fotografías del encuentro. En ese momento se dio la orden para detener a todos los protagonistas de la historia. Gaete bajó de la camioneta y se dirigió hasta la cabina del camión. Cuando iniciaron la charla, aparecieron los efectivos de la PCN y los detuvo.

Una mujer que también viajaba en el vehículo que transportaba la droga quedó detenida, pero en el juicio terminó absuelta por falta de acusación fiscal.

Hubo allanamientos y requisa de todos los rodados. Secuestraron dinero y documentación de importancia para la causa. Acorralado por los efectivos, el conductor del camión habló y pidió que no le hicieran nada a la mujer. “La droga está en el tanque de combustible adicional”, confesó.

El vehículo fue llevado hasta la base Cóndor, donde se encuentra la PCN, y allí se produjo la requisa correspondiente. Con la ayuda de un perro que detecta narcóticos, ubicaron la droga en el mismo lugar que había marcado Martínez. El contenedor ubicado detrás de la cabina presentaba pintura negra de reciente aplicación y los tornillos que lo sujetaban se encontraban flojos, lo que evidenció que el sector había sido manipulado recientemente. Así fue hallaron 25 ladrillos que hicieron un peso total de 27,090 kilogramos de cocaína.

Gaete, Martínez y la mujer llegaron a juicio oral. El jefe narco con base en Las Heras recibió la pena más alta: 9 años de cárcel y multa de 459.000 pesos. Además, le declararon la reincidencia, por lo que no podrá recibir ningún tipo de beneficio que le permita salir de la cárcel.

Actualmente, está alojado en la Unidad Federal IV de La Pampa, complejo al que fue llevado luego de declarar en el llamado caso Bentogate, que mantiene al juez federal Walter Bento procesado como jefe de una asociación ilícita que cobraba coimas a cambio de morigerar la situación procesal de algunos detenidos y que tiene a varios abogados en la cárcel.

Se cree que el Chileno Pepsi intentó sacar algo de provecho al cuestionar a uno de los testigos más destacados de esa causa, Diego Barrera –la hipótesis sostiene que fue enviado por su abogado, Jaime Alba, también detenido en el Bentogate–, pero la movida no terminó siendo positiva. En total, fueron 14 hojas que concluyeron en manos del fiscal general Dante Vega.

En dos de ellas, el narco –contaron las fuentes– describió que conoció a Barrera en la cárcel y que este armó o inventó un relato sobre los arreglos entre abogados y jueces para evitar un mal mayor para él y su familia detenida, debido a que su esposa y los hijastros, Bibiana Sacolle y Lucas y Gastón Curri, se encuentran procesados en la causa Aliaga.

Por su parte, Martínez, preso en la cárcel federal de Cacheuta, también fue condenado, pero a una pena menor: 6 años y seis meses y una multa de 405.000 pesos.