El lunes 4 de este mes en pleno juicio, el juez de la Quinta Cámara del Crimen Rafael Escot fue notificado de una denuncia por violencia de género en su contra. Enfureció porque quien había realizado la presentación por maltrato laboral era la fiscal de la Cámara, Laura Rousselle.
El caso, que reveló El Sol un día después, generó un fuerte impacto en los Tribunales locales porque se trata de un magistrado que no es la primera vez que es cuestionado por sus pares. En las últimas horas, trascendió que la Dirección de la Mujer de la Suprema Corte –llamada Carmen Argibay, en honor a la ministra del tribunal superior del país fallecida en mayo del 2014– le informó al camarista que debía responder sobre la denuncia. El escrito está en etapa de preparación.
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Mientras se espera que Escot haga el correspondiente descargo –ante este diario aseguró que nunca maltrató a la fiscal–, trascendió que la Quinta Cámara del Crimen está prácticamente “quebrada” en lo que respecta a las relaciones personales entre sus integrantes y esto ha entorpecido el normal desarrollo de los debates orales fijados en los últimos tiempos.
Como Escot se inhibió de continuar participando en juicios orales por la denuncia que le hizo Rousselle, se tienen que llamar a jueces subrogantes para ocupar su lugar.
No sólo eso, en otros casos, citan a fiscales de otras Cámaras –en total, son siete las que resuelven si una persona tiene que ir presa o ganar la libertad– o de Instrucción para que Rousselle no participe y Escot pueda integrar el órgano público. “Yo no puedo ser parte de un debate cuando he sido denunciado por ella”, señaló el juez tras conocerse la denuncia.
La complicación más grande se da cuando el tribunal para un juicio determinado es unipersonal, es decir, cuando las resoluciones son dictadas por un sólo juez. Deberían estar presentes para liderar el proceso, en este caso, Escot y Rousselle, pero como el camarista se inhibió de continuar trabajando con ella se tiene que designar a otro magistrado.
Algunos juicios, como el hombre acusado por extorsión que estaba esperando sentencia cuando Escot se inhibió y lo declaró nulo, pasaron a otras Cámaras. Por ejemplo, este expediente fue a la Sexta Cámara del Crimen hace pocas horas y se deberá fijar fecha para que el debate comience otra vez desde cero.
Además de los conflictos que hay para conformar el tribunal tras la denuncia por violencia de género, están los problemas que reinaban desde antes mucho antes.
Primero, una de las integrantes de la Cámara, la jueza Laura Gil de Chales, está con licencia después de recibir un transplante de corazón. De acuerdo con fuentes tribunalicias, la magistrada próximamente se jubilará y el lugar quedará vacante.
Segundo, no se deja de mencionar la pésima relación que existe desde hace más de 15 años entre Escot y el tercer juez –y presidente– de la Quinta Cámara, Gonzalo Guiñazú. Están enemistados desde que eran jueces de Instrucción y comparten la misma sala, ubicada en el primer piso –ala sur– del edificio del Poder Judicial. En la década pasada, los enfrentamientos entre estos dos magistrados eran uno de los temas judiciales predilectos en las charlas de café del edificio.
La denuncia de Rousselle también molestó a Guiñazú. La fiscal, quien es representante del Ministerio Público en la Quinta Cámara del Crimen desde marzo del año pasado, presentó un escrito para que se desarrolle de forma urgente el nuevo juicio contra el hombre que esperaba el fallo, debido a que había querido atentar contra su vida. Una de las alternativas era que Guiñazú fijara fecha para una nueva audiencia en la misma Cámara pero se negó a hacerlo, culpando a la fiscal de haber generado “revuelo” en el tribunal, contaron fuentes del caso.
Lo cierto es que Rousselle denunció al juez Escot tres veces por maltrato psicológico durante los debates. Siguió con los caminos formales y primero hizo una presentación en la Procuración, la jefatura del Ministerio Público. En la tercera denuncia, la fiscal añadió la perspectiva de género y llegó hasta la Sala Administrativa de la Corte. Luego, llevaron el caso hasta la Dirección de la Mujer.
La fiscal fue contundente y sostuvo que Escot la descalificaba durante los juicios y desvalorizaba su trabajo como mujer. Contó en la presentación que lo habló personalmente con él para poner fin al maltrato pero la situación no terminó. El magistrado, por su parte, negó que ejerciera violencia de género, aclaró que se trata de una cuestión de criterios, porque interpretan el Derecho de forma diferente y aseguró que no podría volver a trabajar con ella.
