Abel Cilauro.

La Justicia federal condenó a 10 años de cárcel a Abel Cilauro (34), el hombre que se encontraba en la casa del barrio Aeronáutico de Las Heras donde incautó en marzo del año pasado el cargamento de marihuana más grande de la historia mendocina: 1.800 kilos.

El otro procesado que tenía la causa, Andrés Exequiel Tello Yacante, hijo del reconocido narco y homicida conocido en el hampa como el Casca, fue absuelto porque no se pudo comprobar en el juicio que tuviese relación con la droga incautada.

El debate terminó con otro condenado, Jorge Palacio, por el secuestro de casi 7 kilos de marihuana en una casa de Godoy Cruz durante un allanamiento que se ordenó luego del hallazgo en Las Heras. En esta causa, la madre y un hermano de Palacio fueron absueltos.

El debate había comenzado el mes pasado con los cinco sospechosos en el banquillo de los Tribunales Federales y terminó el viernes. La calificación que enfrentaban era por almacenamiento de estupefacientes agravado por la participación de tres o más personas. Y tenencia ilegal de arma de guerra en el caso de Cilauro, ya que hallaron una pistola calibre 9 milímetros marca Hi Power durante la medida.

Sin embargo, el agravante terminó por caerse en el caso de los hallados culpables, por lo que el pedido de la fiscalía, a cargo de María Gloria André, fue de 10 años para Cilauro y 4 años y medio para Palacio.

El tribunal coincidió con el Ministerio Público y condenó tal cual había solicitado André durante los alegatos de las partes, quien no acusó a Tello ni a Alejandra Navarro ni a Lucas Palacio. Debido a esto, fueron absueltos.

Lo cierto es que el 9 de marzo del 2017, efectivos de la División de Búsqueda de Prófugos de Investigaciones llegaron hasta la casa 9 de la manzana 33 del barrio Aeroparque de Las Heras porque tenían el dato de que Andrés Tello, con pedido de captura, iba a realizar un trueque de armas por cocaína.

Durante la siesta, observaron a Tello en la propiedad e intentaron detenerlo. Sin embargo, el malviviente de 28 años subió al techo de la propiedad y los amenazó con lanzarles una granada FMk2.

Mientras se vivían momentos de tensión, Tello escapó y no pudo ser detenido. Pero los policías se metieron a la casa y se encontraron con Abel Cilauro. Mientras trabajan en el lugar, detectaron que había 67 bolsas de alimento balanceado para perro de marcas paraguayas.

Por el olor y al revisarlas, notaron que se trataba de marihuana compactada. También secuestraron una pistola calibre 9mm. Cuando se realizó el pesaje, se confirmó que eran 1.800 kilos, el secuestro de esa droga más importante de la historia mendocina. También había cocaína –80 gramos– y creen que Tello iba a cambiar armas por el polvo blanco.

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Ese importante cargamento, de acuerdo con los pesquisas, tenía un dueño. Apuntaron a un señalado narco llamado Juan Carlos Rivera, quien hasta el día de hoy continúa en la clandestinidad. Un día antes de ese secuestro, hubo un choque en Las Heras y uno de los autos transportaba 196 kilos de marihuana.

Y meses después, dieron con 397 en una casa de El Challao. Toda era parte del mismo cargamento. Por eso sostienen que Rivera, a través de gente que trabajaba para él, era un especie de mayorista para abastecer a diferentes narcotraficantes de la provincia.

Tello, a pesar de que quedó desvinculado, continuará en la cárcel hasta noviembre del 2019, porque cuando fue capturado, meses después del hallazgo de los 1.800, tenía un arma en su poder.

El resto de la droga

Después de la marihuana incautada en el barrio Aeroparque, los policías analizaron una serie de pruebas recolectadas en el procedimiento y decidieron hacer un allanamiento en Godoy Cruz.

Se dirigieron hasta una casa de la manzana A del barrio La Esperanza y dieron con 6,541 kilos de la droga. Allí fueron detenidos una madre y sus dos hijos. Durante el juicio, Jorge Palacio se hizo cargo del estupefaciente.

Aseguró que le habían pagado para guardar la marihuana en la casa y relacionó a un sujeto conocido como el “Gordo Claudio” con el cargamento. Es más, para desligar a su madre y al hermano, dijo que no tenía problemas en que le revisaran el teléfono. 

Sin embargo, esto no se pudo hacer porque el aparato quedó bloqueado ante las reiteradas veces que intentaron descifrar los códigos para analizarlo.