“Años de violencia”, fueron algunas de las primeras palabras que Paola Lucía Burgio dijo luego de escuchar el veredicto que esperó durante un par de años. El viernes, la jueza María Victoria Franano sentenció a 14 años de prisión efectiva a su ex pareja y padre de sus hijos, José Darío Ojeda Torres, el sodero que durante años la sometió a un calvario que culminó con una brutal agresión sexual el 24 de julio de 2023 en San Martín.
La sala del tribunal quedó en silencio cuando se leyó la sentencia. Paola, la mujer que luchó incansablemente para que su caso no quedara en el olvido, cerró los ojos por un momento. Un día después, en comunicación con El Sol, señaló: “Ahora hay que enfocarse en el presente y en el futuro y dejar ese pasado tan feo”.
El juicio había comenzado el 2 de junio. Durante semanas, los testimonios y las pruebas fueron reconstruyendo una historia de horror que se extendió desde 2019 hasta ese fatídico día de julio. El fiscal Federico Bergamín trabajó meticulosamente la causa, sabiendo que cada detalle sería crucial para lograr finalmente un fallo condenatorio.
Paola siempre fue clara desde el primer momento: quería que su voz se escuchara para revelar el caso. No se conformó con la denuncia. Organizó marchas, habló con medios, se movilizó para que la sociedad supiera lo que había vivido. Su testimonio se convirtió en la columna vertebral de todo el proceso judicial en el Este provincial.
En julio del 2023: la violencia
Aquel 24 de julio, entre las 14.10 y las 15, Ojeda Torres decidió que una orden de restricción no iba a detenerlo. Se presentó en el domicilio de su ex pareja y rompió la puerta de una patada. Lo que siguió fueron más de 46 minutos de terror absoluto.
El agresor golpeó a Paola en el rostro y la cabeza con sus puños, mientras usaba guantes de construcción. Con la víctima ya en el suelo, la humilló: sacó un cuchillo y, tras bajarle la ropa interior, la sometió sexualmente con el mango del arma blanca. “A ver si ahora te van a quedar ganas de seguir denunciando, hija de puta; ¿cómo vas a comprobar esto?”, le gritaba mientras la torturaba.
Pero ese día no fue más que la culminación de años de violencia sistemática. Desde 2019, Paola había soportado abusos físicos, psicológicos y sexuales de manera crónica. Para quienes conocían la situación, Ojeda Torres era considerado un verdadero “monstruo” por la saña con la que ejercía control sobre su pareja.
Los peritajes psicológicos y médicos fueron devastadores para la defensa del acusado luego de su captura. Los profesionales confirmaron que Paola había desarrollado un Trastorno de Estrés Postraumático como consecuencia de los abusos, y evaluaron que existía un riesgo real de que el agresor volviera a atacarla. Por eso, Ojeda Torres no pudo acceder a la prisión domiciliaria y permaneció detenido durante todo el proceso.
El fiscal Bergamin pidió 15 años de prisión durante los alegatos de las partes, mientras que el abogado de la víctima solicitó 20. La magistrada María Victoria Franano evaluó cada una de las acusaciones: abuso sexual con acceso carnal en concurso ideal con abuso sexual gravemente ultrajante, abuso sexual con acceso carnal en número indeterminado de hechos, violación de domicilio, lesiones leves dolosas calificadas por el vínculo, desobediencia, todo agravado por el daño en la salud mental de la víctima y en contexto de violencia de género.
La condena de 14 años de prisión efectiva significó que Ojeda Torres deberá cumplir íntegramente su pena, sin posibilidad de acceder a beneficios que le permitan salir antes del establecimiento penitenciario.
